2017, año de Espartanas

Gorra de cocacola
Cocacola en lucha

Las Espartanas de Coca Cola en lucha cerraron el año con un anuncio publicitario (https://www.youtube.com/watch?v=o6_9z7W5G0U#t=26) reivindicativo en las redes sociales, que es conmovedor. Y conmueve porque toca la esencia del drama social más importante que sufrimos y que se desarrolla en la era postmoderna: el desempleo desestabilizador de las vidas de las personas acompañado con la pérdida de derechos laborales. Estas mujeres luchan contra un poder que parece omnímodo e inamovible, el de una multinacional mastodóntica que se quiere asemejar a dios, como si estuviera por encima del bien y del mal, de la legislación y los tribunales de los países, en este caso de la legislación española, pero sobre todo por encima de las normas democráticas de las que nos hemos dotado para poder convivir en paz, con derechos y cohesión social. Se llama democracia.

La lucha que están manteniendo los trabajadores y las trabajadoras de la planta de Coca Cola en Fuenlabrada cumple ya tres años. Tres años de una reivindicación de las que hacen época, porque se han atrevido a medirse con algo que para muchos había pasado a ser como los fenómenos meteorológicos, algo contra lo que parece que no se puede luchar. Ellas, las Espartanas, ellos y ellas, trabajador@s de esta planta situada en un pequeño punto del Planeta llamado Fuenlabrada se han atrevido a medirse con un gigante global, que dispone de toda la fuerza del dinero y de abogados bregados y de relumbrón para defender sus intereses.

La lucha de las Espartanas es nuestra lucha, la de todas las personas que creemos en la democracia y el derecho como instrumento de regulación. Los intereses de una compañía multinacional no pueden nunca estar por encima de las legislaciones de los países, porque si eso sucede y lo permitimos la democracia habrá muerto. Las empresas tienen que acatar las leyes y respetar las sentencias judiciales.

La lucha que están manteniendo los trabajadores y las trabajadoras de la planta de Coca Cola en Fuenlabrada cumple ya tres años. Tres años de una reivindicación de las que hacen época, porque se han atrevido a medirse con algo que para muchos había pasado a ser como los fenómenos meteorológicos, algo contra lo que parece que no se puede luchar.

Coca Cola sabe que se juega mucho en esta pelea, por eso insertó su publicidad en todas las cadenas de TV a la hora de las Campanadas de fin de año: los presentadores brindaban con una Coca Cola en la mano, no con el famoso cava catalán, ni el tradicional champán francés, que era la esencia de la felicidad del año nuevo hasta ahora. Sabe que se juega mucho porque la planta de Fuenlabrada bien se puede convertir en la punta de lanza de una lucha mucho más amplia, que bien podría extenderse a otros lugares. A veces las luchas que parecen pequeñas son las que tienen una importancia histórica, que solo se valora a posteriori.

La lucha de las Espartanas es nuestra lucha, una lucha honrada por los derechos y el trabajo digno, es la lucha de millones de trabajadoras y trabajadores precarios en esta España en la que nos quieren hacer creer de nuevo, con este pacto político y de intereses de la gran coalición que no puede moverse nada.

Las luchas sociales son siempre importantes e imprescindibles, las luchas que no se dan se tienen perdidas de antemano…en cambio, las que sí se dan nunca sabemos hasta dónde pueden conducirnos. Nunca son estériles, y quedan en la memoria de las personas de bien como lo que es justo que hay que hacer, lo que es justo que hay que defender.

Las Espartanas y la Huelgona de 1962

La lucha de estas Espartanas me recuerda a una lucha sucedida en las cuencas mineras asturianas en 1962, una lucha que ha quedado escrita con las palabras de la dignidad en los anales históricos del movimiento obrero en España. En esa época se produjo lo que luego se ha conocido como la Huelgona de la Primavera de 1962. Franco imponía su poder a base de represión brutal, una represión que usaba sin piedad contra los trabajadores, porque si hay algo que temen de verdad los poderes, sean políticos o económicos, o los dos juntos y a la vez, es a un movimiento de protesta organizado de trabajador@s con una causa justa. En la primavera de 1962 siete mineros fueron despedidos de las cuencas de Mieres por reivindicar derechos, mejores condiciones de trabajo y salario digno. Los echaron, pero las cuencas se levantaron e iniciaron una larga huelga de desgaste, una huelga que las mujeres de los mineros hicieron suya, manteniendo las familias con ollas comunes, porque comer siempre es indispensable para mantener la fuerza, ellas se encargaron de buscar la solidaridad dentro y fuera de España, ellas acudían junto a los mineros con palos y con pimienta a parar las cuencas, ellas dieron ejemplo, un ejemplo que nadie que ame la democracia y los derechos en los que se sustenta puede olvidar. Las mujeres de los mineros asturianos sufrieron una brutal represión de la policía del régimen, con palizas, rapados de cabeza e impúdicas exhibiciones públicas, para recordar a todo el mundo que la noche de la posguerra no había amanecido aún. Ellas no se rindieron, ellos tampoco. Consiguieron mejoras en una época difícil y consiguieron que el mundo se enterara de lo que sucedía en España y de que las personas de bien estaban vivas y dispuestas para las luchas dignas.

La lucha de estas Espartanas me recuerda a una lucha sucedida en las cuencas mineras asturianas en 1962, una lucha que ha quedado escrita con las palabras de la dignidad en los anales históricos del movimiento obrero en España.

Las Espartanas apoyan y se organizan para luchar por lo mismo que las mujeres asturianas de 1962: salarios mejores, derechos laborales y condiciones dignas de trabajo. Ellas también han conseguido que lo sucedido en la planta de Fuenlabrada de Coca Cola se sepa fuera de nuestras fronteras y que medios internacionales se hagan eco de ello, como una reivindicación digna y justa.

Han pasado muchos años desde 1962, pero desde que se aprobaron las dos últimas legislaciones laborales la derecha política y económica de este país se ha empeñado en devolvernos a un pasado laboral que creíamos superado. No es así, toca luchar, como ellas, como las Espartanas. Por eso, como ellas proponen: Madrid no fabrica, Madrid no consume: Una #NavidadSinCocacola.

Toca luchar en muchos sectores, porque el precariado, el trabajo indigno, desregulado y sin derechos crece y no es un producto de la meteorología, es fruto de decisiones políticas de reformas laborales regresivas e injustas que hay que tumbar, nos va la dignidad y un futuro mejor para tod@s en ello. La chispa de la vida no está en las burbujas de esta bebida global, más bien se encuentra en conseguir trabajo digno y justicia.

Por eso, 2017 es Año de Espartanas.

 

 

 

Carmen Barrios
Acerca de Carmen Barrios 16 Articles
Fotoperiodista.

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