¿Tiene algo que decir la izquierda sobre la reforma del euro?

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Crea. Foto: Carmen Barrios

Una parte importante de los obstáculos que se oponían a la formación de una nueva gran coalición en Alemania se salvaron con el pacto que el pasado 7 de febrero firmaron Merkel y Schulz en nombre de la derecha democristiana y la izquierda socialdemócrata. Queda el último paso, la aprobación en las próximas semanas por las bases del SPD del pacto de coalición alcanzado por sus dirigentes. Un trámite que, dada la división interna en el SPD, podría dar al traste con todas las previsiones que señalan que antes de la Pascua habrá un nuevo gobierno de coalición CDU-CSU y SPD. Lo sabremos el próximo 4 de marzo.

Schulz se vio obligado a renunciar a entrar en el nuevo gobierno de Merkel, para no ofrecer munición a los detractores que en su propio partido (SPD) se oponen a la gran coalición, y poco después, el 13 de febrero, tuvo que dimitir de la presidencia del partido. El apoyo del SPD a un gobierno de coalición presidido por Merkel ha exigido el sacrificio de Schulz. El debate interno en el SPD debe estar más difícil de lo que parecía, pero aun así la gran coalición sigue siendo lo más probable.

La letra del acuerdo de coalición no es gran cosa, pero el presidente francés, Macron, puede tener pronto una pareja adecuada para iniciar el baile de la reforma institucional de la eurozona que pretende. Dado que el SPD no tiene, por muchas razones, opciones mejores o menos malas e inciertas que la de la gran coalición, lo normal sería que la mayoría de las 463.000 personas afiliadas al partido socialdemócrata aprueben, con una importante oposición interna, el pacto que permitirá constituir un nuevo gobierno de gran coalición presidido por Merkel para los próximos 4 años. Muy pronto, en Europa, se van a iniciar negociaciones sobre cambios institucionales y nuevos instrumentos y políticas para hacer que el euro funcione mejor (o menos mal) que hasta ahora y deje de ser (y de percibirse como) un obstáculo al crecimiento, el bienestar y la cohesión. Cambios que dejarán atrás una parte importante de la estrategia de austeridad y devaluación salarial impuesta hasta ahora, aunque no conlleven una ruptura formal con dicha estrategia. Está a punto de comenzar una nueva dinámica en la eurozona que no surge de la izquierda, sino del centro reformista favorable al proyecto europeísta, pero que la izquierda debe intentar fortalecer, tratando de marcarla con su impronta y de ponerla al servicio de la mayoría social.

El apoyo del SPD a un gobierno de coalición presidido por Merkel ha exigido el sacrificio de Schulz. El debate interno en el SPD debe estar más difícil de lo que parecía, pero aun así la gran coalición sigue siendo lo más probable.

Hay un nuevo campo de juego en el que se va a desarrollar una larga, difícil y compleja partida para precisar las reformas institucionales y políticas que dibujarán el futuro de Europa. Y convendría que las izquierdas y las fuerzas políticas, sociales y sindicales progresistas de nuestro país tomaran nota de la nueva situación, se aplicaran en serio a la tarea de proponer una alternativa y trataran de influir en la definición de objetivos y la concreción de las reformas que en breve plazo comenzarán a debatirse y ponerse en marcha.

Reforma institucional del euro

Los principales líderes políticos europeos, máximos responsables de las instituciones europeas y miembros destacados de la academia no sólo aceptan ya la necesidad de esa reforma, sino que en los últimos meses han comenzado a airear públicamente diferentes propuestas y a calibrar qué aceptación o rechazo provocan los objetivos más o menos imprecisos que han enunciado. También han comenzado a señalar qué límites no deben franquearse. La reforma institucional del euro va esta vez en serio.

La reforma institucional del euro va esta vez en serio. Las izquierdas pueden optar por mantenerse al margen de ese proceso de discusión y negociación de propuestas, primando la denuncia y levantando fantasiosas alternativas de ruptura con el sistema y el euro, o por intentar influir en los objetivos, ritmos, desarrollo y resultados de las negociaciones.

Las izquierdas pueden optar por mantenerse al margen de ese proceso de discusión y negociación de propuestas, primando la denuncia y levantando fantasiosas alternativas de ruptura con el sistema y el euro, o por intentar influir en los objetivos, ritmos, desarrollo y resultados de las negociaciones. Bien es verdad que, con las débiles fuerzas de la izquierda en presencia, nada asegura, más bien podría asegurarse lo contrario, un gran paso adelante en la integración, unidad y solidaridad europeas. Pero conviene hacer notar que el debate y las negociaciones pendientes actuarán de altavoz de las posiciones de las fuerzas progresistas y de izquierdas y de las organizaciones sindicales y sociales que pugnen a favor de una Europa en la que puedan hacerse efectivos los principios de solidaridad, cohesión, económica, social y territorial o el impulso de la calidad democrática de sus instituciones y funcionamiento. Influencia que dependerá de la calidad de sus propuestas, del impulso de la movilización popular y de la capacidad de las fuerzas progresistas para iniciar, sostener y legitimar un conflicto destinado a influir en las decisiones que se van a tomar.

El inmovilismo o mantenimiento de la actual organización institucional de la eurozona son insostenibles y abocan al desmantelamiento consensuado o, peor aún, a la implosión desordenada del euro. Una eurozona que aumenta la heterogeneidad de especializaciones productivas y de rentas y que parece funcionar en beneficio de Alemania y en perjuicio de Francia (y en mayor medida, del resto de países del sur de la eurozona) no puede ser duradera. Y ha terminado por alentar la desafección con el proyecto de unidad europea de la ciudadanía de los países menos golpeados por la crisis, que está siendo seducida por fuerzas antieuropeístas que plantean como alternativa a la unidad europea un nacionalismo xenófobo replegado en la defensa de sus fronteras. La falsa y simplista solución de la estrategia de austeridad y devaluación salarial, que culpa a los altos costes laborales y al exceso de gastos públicos de todos los problemas, se complementa perfectamente con la falsa y simplista solución de reforzar el proteccionismo nacional y aventar consignas de abandono de la UE porque todos los males se achacan a la globalización y el euro.

Una eurozona que aumenta la heterogeneidad de especializaciones productivas y de rentas y que parece funcionar en beneficio de Alemania y en perjuicio de Francia (y en mayor medida, del resto de países del sur de la eurozona) no puede ser duradera.

En este complejo y difícil contexto conviene analizar la propuesta, los objetivos y los pasos que plantea una incipiente alianza reformista, asentada en el centrismo liberal y neoliberal, que encabeza el presidente de Francia, Macron, para salir del impasse en la que está sumida una eurozona que funciona mal, reparte de forma injusta los costes que genera y está amarrada a una estrategia de austeridad y devaluación salarial que causa un notable sesgo recesivo y alienta una competencia desleal entre los socios que se sustenta en ajustes de costes laborales y fiscales que ocasionan el rechazo y la desafección de la ciudadanía.

Macron plantea dotar a la eurozona de un ministerio de Finanzas que gestione un presupuesto común (dotado de recursos propios que alcanzarían una cuantía significativa de centenares de miles de millones de euros), controlado por una cámara específica de miembros del Parlamento Europeo pertenecientes a de la eurozona (u otra fórmula similar que implique control democrático) y un programa de inversiones comunes que promueva la recuperación y modernización de la oferta productiva y permita afrontar crisis futuras. Propuestas que merecen ser debatidas y, seguramente, desde una perspectiva progresista y de izquierdas, modificadas o completadas.

Merkel y su gobierno de gran coalición, pese a la presencia del SPD, seguirán poniendo el acento en la reducción de los riesgos y la mejora de las normas de gobernanza económica (con su correspondiente batería de controles y sanciones) frente a las fuerzas y las ideas que propugnan crear mecanismos europeos de solidaridad y mutualización de riesgos. Merkel va a seguir resistiendo las presiones favorables a empezar a construir una unión presupuestaria de cierta entidad o, en mayor medida, una unión de transferencias que disponga de eurobonos que permitan mutualizar riesgos y deudas públicas.

Pero se van a iniciar debates más que interesantes sobre, por ejemplo, la obsesión alemana por fortalecer las sanciones para evitar el temido riesgo moral de una reiteración de la acción irresponsable de los países del sur de la eurozona. Y sobre un amplio abanico de nuevas políticas e instrumentos: creación de algún tipo de activo financiero común de mínimo riesgo, sobre el que la Comisión Europea ya dispone de un diseño inicial; avances en la integración que completen la unión bancaria con un Fondo de Garantía de Depósitos común que permita compartir riesgos bancarios; mejora de la coordinación de políticas fiscales y económicas; impulso de la inversión común en proyectos europeos de interés general (formación, infraestructuras digitales y energéticas o investigación) que permitan modernizar la oferta productiva y aumentar la productividad global de los factores y el potencial de crecimiento; distintos formatos, que ya se han puesto sobre la mesa, de un fondo común que financie parte de las prestaciones por desempleo que correspondan al paro cíclico y actúe como herramienta contracíclica que ayude a los socios afectados por algún choque específico.

¿Tenemos algo que decir, desde la izquierda, sobre estas fórmulas? ¿Podemos ofrecer otras ideas y propuestas que contribuyan a mejorar o completar las reformas institucionales y políticas que están en la agenda de debate y, muy pronto, sobre la mesa de negociación? Creo que vale la pena propiciar una reflexión en la izquierda sobre estas cuestiones que nos permita aclarar ideas, propuestas y críticas, además de participar y mejorar los argumentos y debates sobre la reforma institucional de la eurozona que está a punto de iniciarse y para la que de nada valen exclamaciones, arengas o alternativas que no lo son por impracticables.

 

 

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