Análisis del Estudio para el fortalecimiento del sector industrial en España del Ministerio de Industria

Introducción

El Ministerio de Industria, Energía y Turismo (MINETUR), junto a la consultora
Boston ConsultingGroup, han puesto a disposición el Estudio para el fortalecimiento y
desarrollo del sector industrial en España. Este informe se presenta como un paquete
de medidas para hacer frente a la actual crisis, poniendo su énfasis en fortalecer el sector
productivo, esto es, la industria. Sin embargo el análisis de las causas de la debilidad de
la industria española del informe se antoja vago, y consecuencia de ello las urgencias de
la actividad industrial no encuentran respuestas satisfactorias en el informe de la Boston
ConsultingGroup.

En primer lugar la aproximación que se hace a varios conceptos que aparecen en el
informe es erronea, tales como la relación entre los costes laborales unitarios y la
competitividad, la ventaja competitiva o el comercio exterior como factor que
contrarreste la crisis, así como a las vías de financiación. Asimismo, la comparativa que
establece la Boston ConsultingGroup con economías como la de Corea del Sur o Japón
debe ser matizada, puesto que soslaya las condiciones que han configurado a estos
países como potencias exportadoras. Por ello, no se puede reducir la necesidad de
potenciar la industria española al objetivo de incrementar las exportaciones, pues la
actual crisis ha exteriorizado las debilidades estructurales de la economía española, a
saber; a la alta dependencia de las importaciones de bienes de equipos, se le añade la
dependencia energética, asimismo, el sector servicios, en especial el financiero y el de
turismo, han sido, y son, los de mayor peso en el total del PIB, lo que evidencia la baja
diversificación de la estructura productiva de España. Estos aspectos son sorteados por
el informe del MINETUR y la Boston ConsultingGroup.

Si bien, es oportuno señalar que nuestro enfoque comparte con el informe de
MINETUR la necesidad de potenciar las exportaciones a mercados diferentes a los de la
Unión Europea, a saber, los de Rusia, Brasil, Arabia Saudita, China, Sudáfrica e India,
entre otros muchos. Pero este objetivo solo será posible bajo ciertas condiciones que, en
nuestra opinión, no son tratados por el informe, pues aspectos como la división
internacional del trabajo, la movilidad de capital, las condiciones de producción, la
productividad real y el papel del Estado son determinantes en la inserción de la industria
española en la economía española.

El comercio internacional: ventajas comparativas, costes laborales unitarios y
productividad

Como es sabido, el contexto actual de crisis ha tenido como efectos más notorios la
caída de la producción y, en consecuencia, el nivel de empleo e inversión han
descendido. Por consiguiente, se han puesto en marcha medidas para contrarrestar los
efectos de la crisis. Una de estas medidas es la de potenciar las exportaciones con el
objeto de reanimar la demanda agregada. Ahora bien, la economía española no puede
devaluar el tipo de cambio nominal, puesto que forma parte de Unión Monetaria
Europea y, por ende, comparte una misma moneda, el euro. En vista de ello, en España,
al igual que el resto de economías de la Unión Europea, se han agudizado las políticas
de ajuste a la baja de los salarios para, con ello, reducir los precios y, de este modo,
afectar a la baja el tipo de cambio real. Esto es, las políticas de ajuste sugeridas por el
Banco Central Europeo y Bruselas suponen la aceptación de los postulados de la teoría
neoclásica que establecen que la caída de los salarios monetarios se traducirá, per se, en
el descenso del nivel general de precios. Consiguientemente, se genera una deflación de
costes y “si la reducción de los salarios monetarios va seguida por un descenso de los
salarios reales, y si esto último se asocia con un aumento del empleo, resulta que, según
la teoría “clásica”, la reducción de los salarios monetarios conduce a un incremento del
empleo” (Kalecki, 1970: 82). Aquello aparece recogido en el informe, pues el “menor
coste laboral del que se beneficia el sector industrial español en comparación con los
países de su entorno ya ofrece una ventaja competitiva sólida” (p. 22), y a continuación
se afirma que: “todavía existe un amplio margen de mejora en cuestiones relativas a la
flexibilidad laboral, tanto geográfica como de horarios y funciones, en la reforma de la
negociación colectiva, que el Gobierno ya está llevando a cabo, y en el reparto del coste
de la Seguridad Social” (pp. 22-23).

Hay varias objeciones de calado al respecto: en primer término, el enfoque
convencional identifica al salario como el coste de producción principal, dejando de
lado su carácter dual, pues éste también es una fuente de demanda. En segundo término,
los postulados ortodoxos consideran a la fuerza de trabajo como una mercancía
cualquiera, es decir, la reducción de salarios monetarios se materializará, per se, en la
caída del nivel de precios y los salarios reales. Más, esto no es del todo cierto. Aplicar
una deflación de costes deja indeterminado el salario real, puesto que puede darse la
situación en donde la caída del nivel general de precios sea mayor que la de los salarios
monetarios, luego el salario real habrá aumentando (Bhaduri, 1990).

En tercer término, un aumento de los salarios no tiene por qué incrementar los precios
de los bienes producidos; las industrias más competitivas se caracterizan por los altos
salarios de los trabajados y la mejor calidad de las condiciones de empleo, relación ésta
que el informe parece tener claro: “El empleo generado por las empresas industriales es
de mayor calidad y más estable que el del resto de sectores” (p. 8). Entendemos, pues,
que la industria se caracteriza por la mayor cualificación de la fuerza de trabajo, luego la
productividad media del trabajo será mayor. Así pues, la variable clave es la
productividad, puesto que a mayor productividad, menores costes de producción.
Efectivamente, los precios de producción y, consecuentemente, los precios de mercado
serán menores, cuanto mayor sea la productividad. Asimismo, a mayor productividad,
más elevados serán los salarios reales, ya que el trabajo recibirá una parte constante de
un producto creciente. Por lo tanto, la variable clave es la productividad, en cuanto a
que ésta determinará los precios de los bienes producidos, en la media en que los costes
de producción serán más bajos y, de este modo, los costes laborales unitarios también.
Si comparamos la productividad de la industria española con la de Alemania,
observamos claramente que la industria alemana presenta una mayor productividad
media del trabajo (gráfico. 1).

informe75-6

Fuente: Elaboración propia con datos de AMECO-Eurostat

Gráfico. 1

Esto nos da una pista de por qué la competitividad de la economía alemana es mayor
que la española. Por el contrario, el informe no parece hacer hincapié en ello, ya que tan
solo hace referencia a la necesidad del “fortalecimiento del sector industrial y su
capacidad para competir en los mercados internacionales” (p. 13). Para ello, según el
informe, se “requieren un continuo proceso de optimización de sus principales factores
productivos (costes logísticos, laborales y energéticos) que permita una mejora de la
competitividad de las empresas industriales” (p. 13). Poco, o nada, se explica en qué
consiste esta optimización de factores productivos, más allá de plantear la concentración
del capital. Queda claro la necesidad de mejorar y potenciar las infraestructuras para
aprovechar las ventajas de localización geográfica de las que disfruta España, pero de
nuevo chocamos con el sesgo de los costes laborales unitarios del informe, ya que
toman como coste principal los salarios. Como hemos subrayado, la productividad
media del trabajo es fundamental, pues si establecemos que los precios se miden comoinforme75-2

 

 

Observamos que los precios dependen de los costes productivos, esto es, los costes
laborales unitarios y los costes materiales unitarios (bienes de producción), asimismo,
estarán determinados por la productividad. Por otra parte, los costes materiales quedarán
integrados en los costes laborales unitarios, reduciendo la ecuación a la siguiente
expresión:

informe75-1

 

 

Ahora bien, ¿la mejora de la competitividad de la industria española se debe a la
reducción de los costes laborales, es decir, los salarios, y, en consecuencia, a la caída de
los costes laborales unitarios, tal como subraya el informe? La respuesta a esta cuestión
es negativa, puesto que el informe presenta la evolución de los costes laborales unitarios
a nivel macroagregado, o sea, el total de la economía (p. 22). De igual modo, toma
como año inicial 2007, sesgando la comparativa, ya que en 2009 los costes laborales
unitarios crecieron debido a la caída de la producción, y no al aumento de los salarios,
como parece sugerir el informe. Sin embargo, si analizamos la tendencia de los costes
laborales unitarios en la industria en un periodo más largo, el cual comprende los años
1993 y 2011, observamos que la tendencia es decreciente (gráfico. 2).

informe75-7

Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de coyuntura del MINETUR

Gráfico. 2

Esta tendencia no da soporte alguno a la propuesta del informe de seguir reduciendo los
costes laborales, el cual asevera: “todavía existe un amplio margen de mejora en
cuestiones relativas a la flexibilidad laboral, tanto geográfica como de horarios y
funciones, en la reforma de la negociación colectiva, que el Gobierno ya está llevando a
cabo, y en el reparto del coste de la Seguridad Social” (pp. 22-23). Grosso modo, se
propone intensificar las políticas de ajuste a la baja de los salarios, soslayando la
importancia del consumo de los trabajadores en la demanda agregada interna. Cabe
mencionar, que el informe justifica la reducción de los costes laborales como medida
para mejorar la “ventaja competitiva”. Este punto nos parece ambiguo, en cuanto a que
la ventaja competitiva hace referencia a las empresas, y no a las economías nacionales
en su conjunto. Ahora bien, si nos referimos a la ventaja comparativa, también surgen
dudas sobre si el comercio internacional opera bajo el modelo clásico; por norma
general, la literatura económica ha establecido que los países compiten entre sí haciendo
un uso intensivo de aquellos factores productivos y bienes donde presentan mayor
ventaja comparativa.

De este modo, el comercio internacional equilibra las balanzas comerciales, y las
economías nacionales se hacen igual de competitivas (Shaikh, 2009). Sin embargo, la
característica fundamental del comercio internacional es la prevalencia de superávits o
déficits comerciales, pues como es lógico suponer, el superávit comercial de un país
implica el déficit comercial de otro. El informe parece atacar las políticas
proteccionistas de países terceros, y “sugiere” a España presionar a éstos para que abran
sus fronteras a los productos españoles, para luego proponer potenciar el “Made in
Spain”, es decir, el consumo de bienes españoles dentro del país. Esto es contradictorio
e incluso carente de sentido. En primer lugar, el equilibrio comercial entre naciones no
se cumple, puesto que la perfecta movilidad de capital supone una igualación de las
tasas de rentabilidad de los sectores a nivel internacional y la subordinación de las
economías nacionales a los intereses de maximización de beneficios de las empresas
transnacionales. Para el informe esto no es un problema, pues se propone mejorar la
internacionalización productiva a través de la multilocalización, es decir, la
deslocalización de las PYMES. No obstante, las empresas llevan a cabo procesos de
multilocalización buscando las ventajas absolutas en países terceros, y no la ventaja
comparativa. Las ventajas absolutas implican que los costes reales están determinados
por las condiciones de producción y los salarios, por tanto se deslocalizan a aquellos
países donde los salarios son menores, que junto a las inversiones de capital fijo,
provocan que los costes laborales unitarios caigan de manera extraordinaria gracias a los
importantes aumentos de la productividad del trabajo. Por tanto, competir vía salarios es
imposible para la industria española, pues no puede ajustar los salarios hasta el nivel de
países como China. Por otra parte, estas multilocalizaciones tienen como objeto
exportar los bienes producidos a los países de origen de las empresas, en este caso
España, por lo que el “Made in Spain” carece de lógica, en la medida en que empresas
españolas podrán vender sus productos a precios más bajo sin producirlos en España.
Por tal razón, la reducción de los costes laborales unitarios de la industria española a
través de la caída de los salarios no ha tenido el efecto esperando, en cuanto a que estos
son más altos que los de China. Hay que diferenciar la estrategia exportadora: en el caso
de Alemania el excedente de exportaciones es por volumen, pues presenta ventaja
absoluta en la producción de bienes de capital, mientras que en el caso de China es por
precios, esto es, por cantidades. España debe dirigir su industria a la producción de
bienes de alto valor agregado, pues competir en precios es una tarea casi imposible. La
clave, de nuevo, es la productividad, pero en este caso no solo la productividad del
trabajo, sino también la productividad de capital, es decir, hacer un uso más intensivo
del capital instalado durante el mayor tiempo o, en otras palabras, incrementar el grado
de utilización de la capacidad instalada a través de métodos más eficientes de
producción e incrementando la inversión en I+D. Para Bustillo y Fernández, “la baja
utilización del capital nos diría que el desempleo no afecta sólo al factor trabajo, sino
también, y probablemente con mayor intensidad, al factor capital (entendiendo como
tiempo en el que el capital permanece ocioso)” (Bustillo y Fernández, 2007: p. 410).
Además, ambos autores resaltan que en el debate para mejorar la competitividad de las
empresas, los países de Europa Occidental que diseñado sistemas de organización del trabajo que han permitido un mayor número de horas de utilización del capital instalado
han consentido “mejoras de la productividad y los costes unitarios, sin necesidad de
recurrir a ajustes a la baja en los salarios” (Bustillo y Fernández, 2007: p. 414). Si
atendemos al grado de utilización de la capacidad en la industria española (gráfico. 3),
la utilización del capital instalado se aleja de la plena utilización, lo que evidencia la
errónea propuesta del informe de ajustar aún más a la baja los salarios en España.

informe75-9
Fuente: Elaboración propia con datos de la Encuesta de coyuntura del MINETUR

Gráfico. 3

Por otra parte, apenas se hacen referencias al respecto en el informe; la propuesta es
reducir el número de empresas de pequeño tamaño, puesto que estas presentan una
menor productividad del trabajo: “Es necesario impulsar de forma activa el crecimiento
y la agrupación de las PYMES españolas, muy especialmente de las que desarrollan su
actividad en el sector industrial, para facilitar su acceso a las ventajas derivadas de una
mayor escala y aumentar su competitividad y la calidad de su escala” (p. 14). Una
mayor concentración y centralización del capital no garantiza una elevación de la
productividad, sino más bien lo contrario; la prevalencia de sectores industriales más
concentrados implica un uso menos intensivo del capital instalado y, consecuentemente,
una menor utilización de la capacidad instalada, puesto que en épocas de crisis, las
empresas reaccionan reduciendo el grado de utilización. El informe no incide en forma
alguna a este respecto. Ahora bien, si interpretamos la propuesta del informe como un
alegato a favor del crecimiento de las PYMES, y no tanto comoel deseo de fomentar un
proceso de concentración y centralización de capital, percibimos que no plantea las
medidas para alcanzar tal objetivo. De igual modo, subrayamos con anterioridad la
contradicción de las propuestas, a saber; se incide en la necesidad de ajustar la
economía vías cantidades, esto es, la inversión en bienes de capital generará un
multiplicador en la economía, mas, por otra parte, el informe clama por seguir ajustando
la economía vía precios liberalizando el mercado de trabajo y reduciendo los costes laborales. El anhelado efecto “tractor” que buscan las propuestas del informe, solo se
puede alcanzar incrementando la inversión en la industria de bienes de capital, por ello
es necesario incrementar la I+D, y no tanto seguir reduciendo los costes laborales. Aun
con todo, el informe acierta en varios puntos, a saber; es necesario “una mejora de la
competitividad del coste de la energía para las empresas industriales” (p. 13). En efecto,
la alta dependencia de las importaciones de energía condiciona la industria española,
pero de nuevo hacemos referencia al imperativo de mejorar los métodos productivos,
pues de este modo se reducirá el coste de energía. Clave es también el desarrollo de las
energías renovables, ya que en los últimos años, los esfuerzos que se han hecho en esta
materia en España han sido loables, pero cortados de plano.

Países petroleros como los Emiratos Árabes se han convertido en potencias mundiales
en el desarrollo de la energía solar, lo que les ha generado un excedente tan grande que
ha permitido su exportación a otros países, incluida España. En cambio, los esfuerzos
hechos en el desarrollo de la energía solar han quedado relegados a un segundo plano.
Por último, nos queda referirnos a las formas de financiación de las empresas del sector
industrial español; el informe destaca “la elevada dependencia de las empresas
españolas de la financiación bancaria, en detrimento de otras fuentes como la deuda
corporativa y el capital riesgo” (p. 13). Cierto es que el modelo de acumulación
española se ha financiado a través del endeudamiento y el ahorro externo, mas proponer
formas de financiación no convencional no parece la mejor medida; una de las causas de
la actual crisis ha sido la inestabilidad de las finanzas, que se materializó en 2008 con la
quiebra del gigante LehmanBrothers, por ello es poco recomendable la emisión de
deuda corporativa y el aumento de la actividad de los fondos de capital riesgo. La deuda
privada de las empresas en la economía española alcanza el 128,3 % del PIB nominal, si
bien, como resalta el informe, los fondos de capital riesgo no alcanzan el 0,2 %. Sin
embargo, las empresas pueden autofinanciarse, sin necesidad de financiación no
convencional, pues un incremento de la inversión redunda en un aumento de los
ingresos y, consecuentemente, el nivel de ahorro se eleva. Es oportuno señalar que el
incremento de la inversión pueda garantizar el aumento del ahorro que permita la
autofinanciación, pero siempre es menos riesgoso que el endeudamiento a través de
fondos de capital riesgo, que no generan ganancias futuras, sino que redistribuyen el
ingreso existente.

Conclusiones

La industria española adolece de las deficiencias estructurales de la economía española,
las cuales se remontan a la reconversión industrial de la década de 1980. El descenso del
peso de los sectores industriales en la economía en detrimento de los servicios, ha
desnudado las debilidades estructurales ante el actual escenario de crisis. Por ello, la
necesidad de dar un impulso a la industria española es vital. Sin embargo, apostar todo
al sector exterior no es garantía de recuperación, puesto que actual superávit de la
balanza comercial se explica en gran medida por el descenso de la demanda interna y,
consiguientemente, de las importaciones. Corea del Sur o Japón son países que se ponen de ejemplo en el informe, pero éste soslaya que la éxito de estos gigantes asiáticos se
debió en gran medida a la política de industria naciente proteccionista y al papel
desarrollista del Estado, pero bajo ninguna circunstancia las condiciones a las que se
enfrenta la economía española son comparables a las condiciones en las que la política
industrial coreana y japonesa pudieron desarrollarse. La estrategia española debe
garantizar que el excedente de exportaciones se deba al volumen, y no tanto a las
cantidades, es decir, es obligado fortalecer la producción industrial con un alto valor
añadido, que focalice sus esfuerzos en la innovación tecnológica y el perfeccionamiento
de métodos eficientes de producción. Por tal razón, las políticas de ajuste aplicadas son
incompatibles con el deseo de reindustrializar la economía española. Por lo tanto, para
poder incrementar las exportaciones a los países emergentes citados al principios, se
necesario incrementar la producción y el excedente de bienes de capital, pues estas
economías están llevando a cabo grandes esfuerzos industrializadores y, por ello,
demandarán cada vez más bienes de capital, bienes intermedios, así como otros bienes
de alto valor añadido.

Bibliografía

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MUÑOZ DE BUSTILLO, Rafael y FERNÁNDEZ MACÍAS, Enrique (2007):
“Producción y tiempo. Utilización de la capacidad instalada en las empresas españolas”,
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SHAIKH, Anwar (2009): Teorías del comercio internacional, Madrid, Maia.
THE BOSTON CONSULTING GROUP (2013): Estudio para el fortalecimiento y
desarrollo del sector industrial en España, Madrid, BCG.

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Bruno Estrada
Acerca de Bruno Estrada 22 Articles
Economista. Adjunto al Secretario General de CCOO. Miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de PODEMOS.

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