Cuando Aragón miraba hacía Oriente

mapa catalán
Fragmento del Atlas catalán de 1375

A partir de la Baja Edad Media la Corona de Aragón mostró una decidida voluntad de convertirse en una potencia hegemónica en el Mediterráneo occidental, en directa competencia con el poderío naval y mercantil de Génova. Se trataba de garantizar que los mercaderes y comerciantes del reino de Aragón pudieran acceder, sin pagar muchos impuestos ni ser asaltados sus barcos, a la ruta de la Seda, la principal vía comercial y cultural de la Humanidad en esos años.

Esta progresiva expansión aragonesa por el Mediterráneo fue posible por la coincidencia entre los intereses políticos de expansión territorial ultramarina debido a la imposibilidad de anexionar las regiones colindantes con Castilla y Francia (Sicilia en 1283, Atenas en 1311, Neopatía en 1319, Cerdeña en 1326, y finalmente Nápoles en 1443), y los intereses económicos de los mercaderes y de los numerosos talleres textiles artesanales instalados en Barcelona, Tortosa o Valencia. Ello permitió que Barcelona, que a principios del  siglo XV tenía más de mil artesanos textiles, se convirtiera en uno de los núcleos económicos más importantes del Mediterráneo, al mismo nivel que algunas de las repúblicas marítimas italianas más importantes.

Varias fueron las rutas que, en el inestable tablero de las relaciones comerciales y políticas con Oriente, guiaron durante esos años la febril actividad comercial entre Barcelona y varios de los principales puertos del Mediterráneo Oriental. Unas rutas que se fueron modificando en función de las guerras, y de la presión de la piratería, en la que parece que a mediados del siglo XV se curtió incluso un joven marinero genovés llamado Cristóbal Colón.

La ruta más antigua de todas era la que bajaba por todo el Levante español y, haciendo escala en Valencia y en varios puertos del reino nazarí de Granada, llegaba hasta Ceuta. En esta ciudad africana los comerciantes catalanes podían acceder a las mercancías que fluían del denso tráfico comercial que esta ciudad tenía establecido con Argel. Argel era el principal puerto del Mediterráneo al que llegaban las caravanas que, atravesando el Sahara, traían especias, marfil, oro y esclavos.

No obstante, la más utilizada fue la del Mediterráneo Occidental ya que permitía acceder directamente a Bizancio. Las naves aragonesas hacían escala en Cerdeña y Sicilia y desde allí navegaban hasta la isla de Zante (Grecia), donde la ruta de desdoblaba. Algunos barcos se adentraban en el tranquilo Adriático hasta llegar a Venecia, y otros se dirigían a los importantes puertos del Imperio Bizantino de Atenas y Esmirna (Turquía).

La ruta de Egipto fue particularmente importante a finales del siglo XIII, hasta la caída de San Juan de Acre en 1291. Esta ruta hacía escala en Mallorca, Malta, y Argel antes de llegar a Alejandría. La expulsión de los cruzados de la última de las posesiones en Palestina hizo que esta ruta cayera en desuso, las aseguradoras catalanas dejaron de cubrir las cargas con destino a  Alejandría por la creciente piratería.

El acceso a la sabiduría desarrollada por los árabes en campos como las matemáticas y astronomía, y el acceso al astrolabio, permitieron que los marinos de la Corona de Aragón dispusieran de los avances técnicos más pioneros de la época.

En su lugar fue creciendo el tráfico en otra ruta que, pasando por los puertos de Lárnaca (Chipre) y Trípoli (en el actual Líbano), permitía enlazar con la Ruta de la Seda en Alepo (Siria). Fue en San Juan de Acre donde otro comerciante y explorador, Marco Polo, inició en 1271 su largo periplo de más de veinte años que le llevaría hasta la corte del Gran Khan.

Cuatro elementos fueron determinantes en la expansión oriental de Aragón:

  • En primer lugar el desarrollo de los instrumentos, y del conocimiento, imprescindibles para una navegación marítima de largas distancias. El acceso a la sabiduría desarrollada por los árabes en campos como las matemáticas y astronomía, y el acceso al astrolabio, permitieron que los marinos de la Corona de Aragón dispusieran de los avances técnicos más pioneros de la época.
  • El segundo elemento, que permitió a los mercaderes de la Corona de Aragón navegar con tranquilidad por aguas y costas poco conocidas, fue el amplio conocimiento cartográfico alcanzado por varios sabios judíos de Mallorca.

Cresques Abraham, y su hijo Jehuda Cresques, fueron, sin duda, los mejores geógrafos y cartógrafos de la Baja Edad Media. Estos judíos mallorquines, que vivieron a caballo entre el siglo XIV y el siglo XV, posiblemente fueron quienes realizaron el Atlas Catalán de 1375 que está considerado como el punto álgido del conocimiento cartográfico medieval anterior al descubrimiento de América. En este fascinante mapa aparecen todas las grandes ciudades conocidas de Oriente: La Meca, Bagdad, Samarcanda, Astrakan (en el Caspio) las islas de Ormuz y Socotora (Yemen). Aunque las informaciones geográficas de la sexta hoja del Atlas (es la que contiene el mapa de Catayo –China-) son menos exactas y concretas, sí aparecen claramente Chanbalech, la ciudad del Gran Kan (Pekín), los puertos más importantes de la costa de China y las islas de Iava (Java) y Trapobana (Ceilán). El conocimiento acumulado en el Atlas Catalán es tan impresionante que en él se mencionan a más de 7.548 islas.

Después de las persecuciones de judíos en Mallorca a finales del siglo XIV Jehuda Cresques se cristianizó, adoptando el nombre de Jaume Riba, aunque finalmente se exilió a Portugal donde tuvo un relevante puesto en la Escuela de Sagres, fundada en 1420 por el Infante portugués Enrique El Navegante. Parece indudable que el despertar marítimo de Portugal durante el siglo XV fue posible en gran medida por los incalculables conocimientos cartográficos aportados por Jehuda Cresques, “Mestre Jacome de Malhorca” según consta en los archivos de Sagres.

No hay que descartar que el largo viaje europeo que el propio Enrique el Navegante iniciara en 1424, tres años antes de la muerte del cartógrafo mallorquín, estuviera influenciado por la información facilitada por este. El joven príncipe portugués viajó durante varios años por Castilla, Aragón, Francia, Inglaterra, Alemania, Hungría e Italia, donde fue recibido por el Papa Martin V. Tal vez el acceso a alguno de los secretos cartográficos del Vaticano explicaría el denodado esfuerzo desarrollado por Portugal durante todo el siglo XV para explorar el ignoto Atlántico y circunnavegar África. En 1425 los portugueses colonizaron Madeira, en 1426 descubrieron las primeras islas de las Azores, en 1437 doblaron por primera vez el Cabo Bojador (actualmente en la RASD) y en 1482 fundaron el primer asentamiento estable de europeos en África, La Mina de Oro en la actual Ghana. Seis años después, en 1488, el navegante portugués Bartolomé Díaz dobló el Cabo de Buena Esperanza y se adentró en las desconocidas, para los europeos, aguas del Océano Índico.

Es muy posible que el propio Cristóbal Colón, gracias a los años que su hermano pasó en la Corte de Portugal como cartógrafo, pudiera haber tenido acceso a los mapas que permitieron que Henricus Martellus dibujara en 1489 un extraño mapa del mundo en el que aparece una tercera península (después de la India e Indochina) en el extremo más oriental de Asia.

Es muy posible que el propio Cristóbal Colón, gracias a los años que su hermano pasó en la Corte de Portugal como cartógrafo, pudiera haber tenido acceso a los mapas que permitieron que Henricus Martellus dibujara en 1489 un extraño mapa del mundo en el que aparece una tercera península (después de la India e Indochina) en el extremo más oriental de Asia. En esa enorme península están reflejados los principales ríos sudamericanos y, con una exactitud sorprendente, Tierra del Fuego, en el extremo sur de Sudamérica, donde está el Cabo de Hornos. Su detallado conocimiento era fundamental para poder pasar del Océano Atlántico al Pacífico en una zona de navegación muy peligrosa por los peligros vientos de esas latitudes, conocidos como los Cuarenta Rugientes. ¡Ese mapa fue dibujado tres años antes de que Colón llegara a América!

El mapa de Martellus de 1489, y el de Walperger de 1448, son esos extraños mapas que sugieren que antes de la llegada de Colón a America ya había algún conocimiento previó de esos mares, que ya habían sido navegados por algunos desconocidos marinos europeos. Asimismo, es posible que a partir del primer viaje de Colón, se produjeran más expediciones de las que hoy tenemos conocimiento fehaciente, en esa época los mapas eran secretos de Estado. Eso explicaría que en el planisferio de Cantino de 1502 ya aparezca cartografiada la actual Florida de EEUU, puede que fruto del viaje del veneciano Giovanni Cabotto a las costas norteamericanas en 1497 bajo pabellón ingles; y en la parte inferior del mapa del almirante turco Piri Reis de 1513 (elaborado a partir de un mapa de Colón capturado a un marinero español en 1501 y de varios mapas portugueses y árabes) se pueden observar, según la hipótesis más aceptada, las costas de la Patagonia argentina. Su fuente cartográfica pudo haber sido el viaje de Americo Vespucci a Brasil de 1502 u otras expediciones no contrastadas documentalmente.

  • El tercer elemento fue el desarrollo alcanzado en el Reino de Aragón de un complejo y completo entramado institucional favorecedor de la actividad comercial ultramarina: los Consulados de Mar, los Llibres del Mar y la Taula de Cambi (la Tabla de cambio), una de las primeras bancas públicas de Europa.

El rey Pedro III de Aragón en 1283 fundó el primer Consulado del Mar de España en Valencia, cuyas funciones eran regular el comercio y los asuntos marítimos en materia mercantil, algo exigido por los grandes mercaderes para garantizar la seguridad jurídica de sus actividades. En el año 1326, bajo el reinado de Jaime III de Mallorca, se designaron dos Consule Maris para la resolución de conflictos, también laborales, entre mercaderes, patrones y marineros.

Los Llibres del Mar  son un prolijo recopilatorio de leyes y costumbres del derecho marítimo que estaban dispersas en el derecho romano, griego, bizantino, rodio, italiano, francés y español. Fueron el código de derecho marítimo vigente en todo el Mediterráneo durante más de tres siglos hasta la redacción, en 1681, de l’Ordonnance de la Marine por parte de Francia.

La Taula de Canvi se creó en el año 1401 en la Llotja del Mar de Barcelona. Inicialmente se estableció sobre un mostrador cubierto con un tapete que tenía dibujadas las armas de la Ciudad Condal, así se mostraba la garantía pública que se ofrecía a sus depositantes. Esta pionera banca pública tenía dos objetivos: ofrecer unos servicios financieros seguros (las actividades financieras privadas tenían un elevado historial de quiebras y bancarrotas), y velar por el buen comportamiento de la actividad privada.

Las quiebras  de los bancos privados, provocadas por las maniobras especulativas y las conductas deshonestas de los banqueros, eran tan frecuentes que habían llevado a la ruina a importantes empresas mercantiles, generando una fuerte desconfianza entre los comerciantes sobre un sector financiero que supuestamente tenía que apoyar su actividad. El éxito de la Taula de Canvi fue tal que tan solo doce años después se convertiría en la banca pública de la Generalitat, en 1407 se creó otra en Valencia.

Un siglo después inspiraría la creación de las Taules de Comuns Dipòsits (proto-cajas de ahorro públicas) en Vic, en Lleida, en Cervera, en Manresa, en Girona, en Tortosa y en Tarragona.

  • Y por último, pero no lo menos importante, era contar con una fuerza de choque militar capaz de imponer acuerdos comerciales cuando las negociaciones de los mercaderes no alcanzaban el éxito esperado: los almogavares.

Los almogávares, que procedían de los estamentos más bajos de la sociedad, a menudo campesinos de zonas montañosas muy pobres, fueron las tropas de choque de los cristianos durante la reconquista. También eran los encargados de guardar las fronteras frente a las incursiones musulmanas, aunque el término almogávar es claramente de origen árabe: Al-mugawir (los que entran en tierra enemiga). Los almogávares, con una técnica de guerrilla, hacían incursiones en terreno enemigo, atacaban sin piedad y luego escapaban con el botín.

Si bien estas fuerzas de choque se utilizaron por todos los ejércitos cristianos en la península, los almogávares fueron conocidos principalmente por sus actividades guerreras desarrolladas por todo el Mediterráneo.

En 1238, Jaime I el Conquistador contó con seis mil almogavares para conquistar Valencia y tras la toma de la ciudad los desplazó a Murcia, dentro de los preparativos de una gran campaña contra Granada. Sin embargo, su belicosidad e indisciplina hizo que empezaran a producirse choques cada vez más violentos con las tropas castellanas afincadas en la vega murciana. Jaime I decidió embarcarlos hacía Tierra Santa y se convirtieron en cruzados que defenderían San Juan de Acre, en Palestina.

La caída de esta última ciudad cristiana en Palestina significó que varios miles de almogávares pasaron al servicio del rey Fadrique II de Sicilia, hijo de Pedro III de Aragón. De esta forma se vieron involucrados, como fuerzas mercenarias, en las numerosas batallas que el emperador bizantino Andronico II el Paleólogo mantuvo con los turcos.

A finales del siglo XIII casi toda Anatolia estaba bajo el dominio otomano, los turcos amenazaban incluso a la propia Constantinopla. La Gran Compañía Catalana, compuesta por más de cuatro mil almogavares se embarcó rumbo a Constantinopla, dirigida por un aventurero y navegante italo-alemán llamado Roger Blum (cuyo nombre catalanizado es Roger de Flor). En poco tiempo tomaron Filadelfia, Magnesia y Éfeso y liberaron toda la península de Anatolia. Los almogávares empujaron a las tropas turcas hasta el monte Tauro donde les causaron una enorme derrota, a pesar de que les triplicaban en número, obligándoles a retirarse hasta Armenia.

El emperador, en agradecimiento, nombró megaduque a Roger de Flor y le casó con su sobrina María pero, asustado por su creciente poder en el decadente Imperio Bizantino, le hizo asesinar durante un banquete, junto a más de un centenar de sus lugartenientes.

Los almogávares supervivientes desataron una orgía de sangre y fuego que arrasó toda la Tracia y Macedonia, pasando a la Historia como la Venganza Catalana. En 1311 conquistaron el Ducado de Atenas y amplios territorios en Tesalia con los que conformaron el Ducado de Neopatria en 1319, ambos Ducados permanecerían bajo la Corona de Aragón durante casi un siglo.

No obstante, esta no fue la única presencia peninsular estable en Grecia durante la Edad Media, quinientos años antes miles de refugiados cordobeses habían conquistado Creta. En el año 818 más de cien mil cordobeses fueron expulsados del arrabal de Shaqunda, debido a sus continuas revueltas contra los excesivos impuestos que cobraban los recaudadores del emir. Parte importante de este éxodo se estableció en Fez, dando lugar al populoso barrio de los Cordobeses, pero otros miles continuaron su periplo por el Norte de África hasta Alejandría. En pocos años aquellos humildes artesanos y mercaderes, entre los que había musulmanes y cristianos, se convirtieron en un potente ejército que fue capaz de arrebatar Alejandría al califa de Bagdad, proclamando la primera república del mundo árabe. Posteriormente el califa consiguió convencerlos de que abandonaran Alejandría y, a cambio, les proporcionó naves y armas para conquistar Creta, lo que lograron en poco tiempo instaurando un emirato que duro más de siglo y medio.

Esta voluntad expansiva de la Corona de Aragón en el Mediterráneo Oriental explica porque Fernando El Católico, el primer rey de la península ibérica en cuyos papeles aparece la palabra de España, reabrió el consulado de Alejandría en 1485, siete años antes de tomar Granada, mientras las tropas aragonesas y castellanas aun estaban asediando Loja y Archidona. La llegada del cónsul Juan Cascassona a Alejandría en 1485 es una muestra evidente del profundo interés político y comercial de Aragón en Egipto y, también, de las extrañas alianzas que genera la política. La toma de la ciudad italiana de Otranto por los turcos en 1480 había puesto en estado de alerta a todos los reinos cristianos del Mediterráneo. Otranto está situada en la punta del talón de la bota de la península, apenas a 72 kilómetros por mar de la actual costa albanesa.

Para hacer frente a este peligro Fernando el Católico, de acuerdo con el Papa, decidió: sostener como fuera a la Orden de Rodas de los ataques turcos; apoyar al rey Fernando de Nápoles para no agitar más el avispero italiano; convertir a Sicilia en un bastión inexpugnable; y establecer lazos de amistad y cooperación con los reyes musulmanes del Norte de África, todo un ejemplo de realpolitik medieval. Se combatía a los musulmanes en Andalucía y se llegaba a acuerdos con Kait Bey, el Sultán de Babilonia. Este accedió al acuerdo gracias a los que los agresivos movimientos del nuevo sultán turco, que amenazaba con invadir Siria y Egipto, haciendo buena la máxima de que los enemigos de mis enemigos son mis amigos.

Finalmente la conquista de Egipto por las tropas del Imperio Otomano en 1517 así como su posterior expansión por el Norte de África y los Balcanes y, como no, el “redescubrimiento de America”, dieron al traste con la voluntad de Aragón de proyectarse hacía Oriente.

 

 

Bruno Estrada
Acerca de Bruno Estrada 27 Articles
Economista. Adjunto al Secretario General de CCOO. Miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de PODEMOS.

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