Cuando un ejemplo basta: Una reflexión sobre Luis de Guindos y la política industrial del PP

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Herramienta vetusta. Foro: Carmen Barrios

 

Los debates electorales sirven para hacerse una imagen de lo que cada partido o coalición propone, así como para conocer mejor a las personas que en ellos debaten y ver si “dan la talla” para estar en puestos de responsabilidad política. El debate sobre economía en “El Objetivo” cumplió esa doble función, incluso a pesar de que hubo fases del mismo que resultaron, por qué no decirlo, tediosas.

Momentos de tedio a un lado, el programa permitió intuir en qué sentido pueden ir las conversaciones post-electorales, así como saber cómo conciben el sistema socio-productivo las distintas formaciones en liza. En este sentido, fue especialmente ilustrativo escuchar al señor Luis de Guindos, Ministro de Economía en funciones y responsable destacado de la política económica del gobierno central en los últimos años. La estrategia de defender la actuación del gobierno al que pertenece a través de una innumerable ristra de datos numéricos y de análisis parciales era lógica y esperada y, en ese sentido, se notaba que el señor de Guindos se movía con soltura. De hecho, lo extraordinario hubiera sido que, con su carrera profesional y política, no hubiera sido capaz de hacerlo. El señor ministro hizo sin embargo bandera de un ejemplo que en teoría sintetiza los éxitos de la política de su partido en materia económico-industrial y muestra con claridad la visión que tiene del sistema productivo hispano, visión que deja mucho que desear, por no utilizar términos más duros. El ejemplo de marras es el de las inversiones en las fábricas de automóviles.

El señor ministro en funciones se jactó de que la gran industria automovilística, que definió como el sector más competitivo del mundo, volvía en estos días a invertir dinero en sus fábricas en España. A su modo de ver, ésta era la prueba irrefutable de que todo lo que él y sus colegas han hecho en el pasado reciente era lo adecuado. En este aspecto concreto se enzarzó ligeramente con Alberto Garzón, quien le recordó que en muchos casos la parte de la producción que en España se realiza es de menor valor añadido que la que se realiza en los países de origen, como Alemania. Los trabajadores y empleados alemanes están menos horas y ganan más porque son más productivos y son más productivos porque realizan tareas de mayor complejidad, de las cuales salen productos que, per cápita, valen más. En otras palabras, que lo que está mal en España no son los trabajadores sino el trabajo que desempeñan y es por ello que la coalición a la que representa, UP, aboga por un programa de re-industrialización. El señor de Guindos, obviamente, hizo oídos sordos a las críticas y se mantuvo en su posición, repitiendo el anuncio de nuevas inversiones como muestra de éxito.

Luis de Guindos no hizo sino destacar tanto la fiabilidad de los trabajadores industriales locales como la incapacidad del sistema empresarial español por generar inversiones propias y actuar como motor económico.

Si algo mereció la pena ayer fue este instante, pues definió dos maneras de ver el sistema socio-productivo y hasta dónde llega la ambición real de colaborar con la sociedad española para que ésta dé lo mejor de sí. Merece la pena centrarse en la posición del ministro, dado que en su caso no propone una estrategia nueva, sino la continuación de una ya existente. Sin obviar lo positivo en el aumento de la producción en las fábricas señaladas, el uso de este ejemplo por parte del ministro en funciones es un indicio de lo limitado de las aspiraciones de su partido en materia económica e industrial. Es harto improbable que al ministro de finanzas alemán, Wolfgang Schäuble (conservador) o que al de economía, Sigmar Gabriel (socialdemócrata), se les hubiera pasado por la cabeza ir por la línea por la que fue Luis de Guindos, a no ser, claro está, que quisieran ser públicamente despedazados, dentro y fuera de sus propios partidos.

Industria del automóvil

Al escoger las inversiones de los fabricantes de automóviles como ejemplo concreto y recordable a corto plazo del éxito de su gestión, Luis de Guindos no hizo sino destacar tanto la fiabilidad de los trabajadores industriales locales como la incapacidad del sistema empresarial español por generar inversiones propias y actuar como motor económico. Tras insistir repetidas veces a lo largo de la legislatura el deseo ardoroso que el PP tiene por convertir a la sociedad española en una sociedad de emprendedores, el ejemplo que lleva al debate su máximo responsable en economía es que los grandes emprendedores extranjeros se interesan por las capacidades productivas hispanas.

Colocar al sistema socio-productivo y empresarial del propio país, como hizo De Guindos, en una posición pasiva, al albur de iniciativas e inversiones que vengan de fuera es una curiosa manera de sacar pecho, sobre todo si el que lo hace es defensor acérrimo del capitalismo más competitivo.

Si de alguien el empresariado hispano seguramente no se esperaba una bofetada en la cara en la noche del domingo era del ministro de economía, pero en el debate se la llevó bien puesta y a alguno le debe (o le debiera) estar escociendo todavía. Colocar al sistema socio-productivo y empresarial del propio país en una posición pasiva, al albur de iniciativas e inversiones que vengan de fuera es ciertamente una curiosa manera de sacar pecho y de argumentar que se va en la dirección correcta, sobre todo si el que lo hace es defensor acérrimo del capitalismo más competitivo.

Lo desacertado del ejemplo no termina ahí. El ministro, asesorado por todo un equipo, seguramente escogió el ejemplo a conciencia, posiblemente pensando en que el sector automovilístico es altamente tecnificado y asociado a la innovación constante, aspectos siempre admirados y que son exactamente dos de los puntos débiles del sistema productivo hispano que, además, son de los que más han sufrido por los recortes en investigación, la falta de inversiones y por apostar por abaratamiento del coste de mano de obra como pieza central de la estrategia productiva. Sin dinero para ponerse a pensar, ni adquirir maquinaria adecuada, ni para pagar sueldos a personal cualificado es difícil tener una industria puntera. Lo más gracioso de todo el asunto es que el gigante industrial europeo por excelencia, Alemania, lleva desarrollando su política industrial y haciendo campaña desde hace unos años con el lema “tierra de las ideas” y, si de algo se enorgullece su clase política y empresarial es que ha capeado lo peor de la crisis merced a la innovación constante y al alto valor añadido de sus productos, justo los aspectos que el señor de Guindos prefirió ignorar cuando Alberto Garzón se los señaló. Expuesto todo esto se entiende que sea altamente improbable que Schäuble o Gabriel hubieran sacado pecho con el ejemplo que escogió de Guindos; al empresariado alemán le hubiese dado un tabardillo colectivo y, después de reponerse, posiblemente hubiera intentado despedazar al ministro.

Enrique Corredera Nilsson
Acerca de Enrique Corredera Nilsson 9 Articles
Historiador. Del Mediterráneo al Báltico, Europa es mi casa. Por vocación me dedico a analizar el pasado, pero lo que más me gusta es pensar el futuro para construir el presente. De momento lo hago a medio camino entre una y otra mar, a la orilla de un tercero, el de Suabia”

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