Cuando Silicon Valley estaba en Córdoba

Arcos de la Mezquita
Arcos de la Mezquita de Córdoba. Foto: Bruno Estrada

Durante los siglos X y XI la ciudad de Córdoba alcanzó una población que superaba el medio millón de habitantes, aunque algunos historiadores casi doblan esa cifra. Córdoba era, con diferencia, la ciudad más importante en una Europa fraccionada en multitud de reinos y señoríos feudales y llegó a ser el centro de conocimiento científico más importante del Mediterráneo occidental. ¿Cómo fue posible en apenas dos siglos?

Apenas habían pasado treinta años desde la llegada de las tropas de Tariq a la península cuando las tropas bereberes, descontentas por el reparto del botín, iniciaron una rebelión que se extendió rápidamente por toda al-Andalus. Galicia y todas las regiones y ciudades al norte del Duero fueron abandonadas por los nuevos señores árabes, asesinados o perseguidos por sus propios soldados. Estos habían recibido las tierras más ricas y fértiles (valle del Guadalquivir, Levante, valle del Ebro) mientras que a los bereberes se les dieron las peores tierras, principalmente en la parte Norte de la meseta. Los árabes, sirios y yemeníes sofocaron la rebelión bereber pero los diezmados núcleos de visigodos que se habían refugiado en la cornisa cantábrica pudieron reforzarse, haciendo imposible que los nuevos conquistadores recuperaran esos territorios norteños otra vez.

Abderramán I, príncipe omeya huido de Damasco, unificó el poder árabe en al-Andalus, inaugurando el emirato independiente de Cordoba (756-929), que durante dos siglos extendió sus dominios por toda la península que quedaba al sur del río Duero, incluido todo el valle del Ebro.

Hubo que esperar a la llegada de Abderramán I, príncipe omeya huido de Damasco, para que pudiera unificarse el poder árabe en al-Andalus, inaugurando el emirato independiente de Cordoba (756-929) que durante dos siglos extendió sus dominios por toda la península que quedaba al sur del río Duero, incluido todo el valle del Ebro.

No obstante, la unificación política de las conquistas árabes en la península no fue un proceso sencillo, se produjo después de décadas de luchas intestinas entre el nuevo emir y los descendientes del anterior. Abderramán I, y sus descendientes en el emirato de Córdoba, también tuvieron que hacer frente a numerosas revueltas, tanto de mozárabes que protestaban por los excesivos impuestos, como de señores árabes y bereberes que pugnaban por librarse del creciente control económico y militar que imponía el emirato.

Toledo, Mérida, Zaragoza y la propia Córdoba fueron testigos de violentas rebeliones y de cruentas represiones, como la que se conoce como la Jornada del Foso de Toledo donde fueron degollados más de cuatrocientos nobles árabes toledanos delante de la presencia de Alhakén I y de su hijo, tras la masacre arrojaron al foso las cuatrocientas cabezas. Algunos historiadores mencionan que la orgía de sangre desencadenada en este escabroso episodio dejó graves secuelas psíquicas y físicas al futuro emir Abderramán II para el resto de su vida, el más evidente fue un tic nervioso en el ojo. Después de la mayor de esas rebeliones, la del Arrabal de Córdoba, el emir expulsó a más de 20.000 musulmanes de la península, la mayor parte se trasladaron a Fez fundando el barrio y mezquita de los andalusíes, mientras que otros se dedicaron algún tiempo a la piratería fundando el emirato de Creta que se mantuvo independiente, bajo dinastía cordobesa, hasta el año 961, año en que la isla fue reconquistada por el Imperio bizantino.

 Convivencia entre musulmanes y mozárabes

No obstante, en general el grado de convivencia alcanzado en el emirato cordobés entre musulmanes y mozárabes fue muy elevado. Estos elegían a sus propios obispos y gobernadores, o Comes, que eran asistidos también por funcionarios cristianos. Mozárabes y musulmanes celebraban conjuntamente importantes fiestas en las que se hacían regalos y visitas, a pesar del enfado de sus respectivos jefes religiosos. Para fomentar este clima de confianza fue muy importante el papel jugado por la minoría judía, ya que la nobleza árabe les tuvo en mucha más estima que la visigoda.

La progresiva pacificación de las tierras peninsulares bajo el emirato, y la enorme fuente de recursos que propició un sistema centralizado de recaudación de impuestos, permitieron un impresionante fomento de la actividad económica, una sustancial mejora del bienestar de la población y un extraordinario impulso de las matemáticas, la medicina, las ciencias aplicadas y las artes.

En el año 820, durante el reinado de Abderramán II, el mercader y astrólogo judío Jacob Ibn Tarik, José de España, viajó hasta Ceilán para llevar a Bagdad los libros astronómicos de la India. Ello permitió la introducción de los números indio-arábigos, con base decimal, en al-Andalus en el siglo IX, y su posterior extensión a toda Europa. Este emir atrajo a Córdoba a los más ilustres sabios de la época y cultivó personalmente la poesía. Tan potente era el foco de sabiduría que emanó de Córdoba durante más de tres siglos que incluso un noble francés, que luego terminaría siendo entronizado como Papa en el año 999 como Silvestre II, viajó a la corte califal para adquirir los vastos conocimientos que emanaban de ella, entre otras materias, en relación con el astrolabio árabe y el sistema decimal islámico. Silvestre II fue el introductor del uso del cero en Francia.

La biblioteca del califa alcanzó magnitudes inimaginables en ninguna otra parte del mundo, más de 400.000 volúmenes. El centro del saber mundial se situó en Córdoba, permitiendo un desarrollo científico y cultural que dio lugar al surgimiento de personajes de una enorme talla intelectual.

La instauración del Califato de Córdoba en el año 929, que duró un siglo más, supuso la consolidación de un largo periodo de estabilidad y esplendor económico y cultural. Los dos califas más afamados fueron Abderamán III, quien mando construir Medina Zahara, y Alhaken II que terminó esta nueva ciudad califal, además de pavimentar las calles de Córdoba y dotarlas de alumbrado público y alcantarillado. También defendió con éxito la península de los ataques vikingos.

Mezquita
Multiplicación de arcos. Foto: Bruno Estrada

Centro del saber mundial

La biblioteca del califa alcanzó magnitudes inimaginables en ninguna otra parte del mundo, más de 400.000 volúmenes. El centro del saber mundial se situó en Córdoba, permitiendo un desarrollo científico y cultural que dio lugar al surgimiento de singulares personajes de una enorme talla intelectual como:

– Recemundo, obispo mozárabe del Albaicín de Granada en el siglo X, filósofo, astrónomo y matemático. Hablaba perfectamente latín y árabe, y fue embajador del califa en Bizancio, en el Sacro Imperio Romano-Germánico y en la propia Jerusalén.

– Ibn Fathun experto en matemáticas, música, lógica, astronomía, bellas artes, poesía y gramática. Fue el primer filósofo andalusí en adoptar la lógica racionalista y empirista de Aristóteles, que posteriormente se difundió por toda Europa.

– Ibn Hazm, político, filósofo, teólogo, historiador y poeta, fue quien escribió mientras quemaban sus libros: “Dejad de prender fuego a pergaminos y papeles, y mostrad vuestra ciencia para que se vea quien es el que sabe. Y es que aunque queméis el papel nunca quemaréis lo que contiene, puesto que en mi interior lo llevo”. La vida y avatares de este sabio recuerdan el enfrentamiento que se produjo cinco siglos después en el orbe cristiano entre los librepensadores y la ortodoxia religiosa-científica, dando lugar a episodios tan detestables como el asesinato de Giordano Bruno en la hoguera por mandato de la Inquisición.

– El geógrafo, botánico e historiador Al Bakri. En el siglo XI fue el mejor conocedor de los territorios conocidos en esa época, que incluían el norte de África, la península arábiga y el continente europeo.

– Al Mutamid, rey de la taifa de Sevilla durante el siglo XI, y uno de los mejores poetas andalusíes, que fue equiparado en multitud de ocasiones con los príncipes italianos del Renacimiento, a los que también igualó en crueldad.

– El ilustre médico Averroes. Su enciclopedia médica fue el mejor compendio del conocimiento médico alcanzado hasta entonces. También fue filósofo, maestro de leyes islámicas, de matemáticas y de astronomía. Sus ideas influyeron notablemente a sabios italianos del Renacimiento como Giovanni Pico della Mirandola o Giordano Bruno.

– Maimónides, el gran filósofo y médico judío del siglo XII. Escribió numerosas obras, su libro Guía de Perplejos, publicado en 1190, constituye la clave de su pensamiento filosófico, que bebe de Platón y Aristóteles. Su influencia fue notable en el mundo cultural musulmán y judío y también en los escolásticos cristianos, en el propio Santo Tomas de Aquino.

La vida política, militar y cultural de la península durante esos tres siglos se entrecruza por encima de las fronteras que delimitan las diferencias religiosas.

La propia Toda Aznarez, reina de Navarra en el siglo X y tía de Abderramán III, se presentó en la corte del califa para que éste la apoyara en las pretensiones dinásticas de su orondo nieto Sancho I “el Gordo” frente a Ordoño IV, apoyado por los nobles castellanos y leoneses. El califa Muhammad II al Mahdi, bisnieto de Abderramán III, perdió el trono por la conjunción de intereses de su primo y del conde castellano Sancho García, y su reposición en el trono hubiera sido imposible sin la participación de tropas catalanas del Conde Ramón Borrell. En ambos casos la ayuda se pagaba en fortificaciones que se cedían, bien de los cristianos a los musulmanes o viceversa.

El Cid, el supuesto héroe nacional que intentó construir la historiografía más casposa, combatió junto a reyes castellanos y leoneses, pero también puso a sus tropas al servicio de las taifas de Sevilla y Zaragoza frente a los ejércitos cristianos.

 

 

 

 

Bruno Estrada
Acerca de Bruno Estrada 21 Articles
Economista. Adjunto al Secretario General de CCOO. Miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de PODEMOS.

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