¿Dónde están los sindicatos? A propósito de la huelga de SEAT de El Prat

Escaparate con pegatinas
Escaparte plagado de pegatinas durante la última huelga general. Foto: Carmen Barrios

Si un grupo de amigos coincide tomando unas cervezas después de algún tiempo sin verse, y entre ellos hay algún sindicalista, inevitablemente surgirá la cuestión: «bueno y vosotros, ¿qué? No se os ve mucho últimamente». Suena un poco como a preocupación, como un «¿qué tal te va». Si otro día nuestro sindicalista se encuentra con algún antiguo compañero -o compañera- de fatigas al que le ha llegado la jubilación o que se ha apartado de la brega sindical cotidiana la pregunta se repetirá: «¿Dónde está el sindicato? Estáis desaparecidos». Y lo dirá, seguramente, también con preocupación, porque el sindicato ha sido su patria y todavía lo es. Pero la pregunta también se repite hasta la saciedad en entornos ajenos al sindicalista de nuestra historia. Veamos.

Todavía estaban frescos los recuerdos de las últimas vacaciones de verano. Era una mañana de domingo del último septiembre y Javier del Pino despedía en su programa de radio a los tertulianos que habían departido sobre el populismo. Uno de ellos, a guisa de conclusión, hizo referencia a los partidos políticos y a los sindicatos como pilares del sistema democrático. Y del Pino saltó: «Por cierto, ¿Dónde están los sindicatos últimamente». La pregunta sonó doblemente extraña. En primer lugar, porque no hacía mucho que en la empresa para la que trabaja había tenido lugar un ERE y es probable que se topara en un pasillo con algún delegado o delegada o miembro del comité de empresa metido en el fregado. Podría haberse interesado por lo que hacía. En segundo lugar, porque siendo el director de su programa bien puede invitar cualquier mañana de sábado o de domingo a un sindicalista e inquirirle directamente.

Otras veces en los medios de comunicación ni siquiera surge el interrogante. Simplemente leemos o escuchamos afirmaciones rotundas. Soledad Gallego Díaz escribió hace ahora un año: «No hay sindicalistas en ningún plató de televisión, en casi ninguna tertulia radiofónica, no aparecen en las entrevistas ni en las secciones de opinión de los diarios, digitales o tradicionales. No se les oye, no se les ve. Desde su punto de vista, se les ignora. Desde cualquier otro análisis, no tienen la menor capacidad de imponer su presencia en la plaza pública». ¿Imponer su presencia en la plaza pública? No sabemos si la referencia quería ser literal, porque en ese caso no se entiende la existencia de más de trescientos sindicalistas procesados por ejercer el derecho de huelga. Un ejercicio que, en general, lleva consigo la presencia en el espacio público. Pero si con la expresión «plaza pública» empleó una metáfora para referirse a los medios de comunicación, entonces es que hizo abstracción de su dilatada experiencia profesional en lo que se refiere al acceso a los medios de comunicación privados y a aquellos públicos gestionados por gobiernos sectarios y autoritarios, como sucede en España.

SEAT es la primera empresa industrial de Cataluña, lo que no es decir poco en un país en el que un modelo productivo basado en el ladrillo y la especulación nos metió en una crisis sin parangón. Es asimismo una empresa que pertenece a un sector exportador de productos de alto valor añadido y que viene a representar en torno al 7 por ciento del PIB. El centro de El Prat se dedica a la fabricación de cajas de cambio para todo el grupo.

Obviamente, los sindicatos no atraviesan por sus mejores momentos, con uno de cada cinco trabajadores en paro, con la temporalidad en el empleo disparada y con el peso de una cultura fordista que las más de las veces no es sino un lastre para afrontar los vertiginosos y masivos cambios que operan en el mundo del trabajo. Lo que no significa que ignoren todo ello y que no hayan emprendido, aún con dificultades, una reflexión autocrítica a pesar de todo.

La huelga de SEAT

Sea como fuese, en esas estábamos cuando hace poco más de una semana, periodistas, tertulianos y creadores de opinión han tenido una ocasión magnífica para saber qué hacen los sindicatos e incluso para contarlo. En efecto, recientemente, la dirección de SEAT decidió trasladar a 50 trabajadores del centro de trabajo de El Prat a la factoría de Martorell. Lo hizo de manera unilateral, sin contar con los trabajadores ni con sus representantes; es decir, el comité de empresa y los tres sindicatos que lo componen -UGT, CCOO y CGT- tan democráticamente elegidos como la alcaldía de Barcelona o el parlamento español.

A la plantilla no le gustó la decisión de la dirección, no sólo por la unilateralidad de la misma, sino también porque el traslado a Martorell significaba un trabajo más fatigoso, más dificultades en el traslado desde el domicilio al lugar de trabajo y la incógnita sobre la vuelta a El Prat cuando se diesen nuevos picos de producción. De manera que los trabajadores decidieron ir a la huelga. Una huelga de carácter indefinido en la que se celebraron asambleas masivas de alrededor de 800 trabajadores; es decir la gran mayoría de la plantilla. Un número de personas como veinte veces mayor a las que estaban concentradas a las puertas del Parlament de Cataluña el día de la elección del nuevo Presidente de la Generalitat. Hago esta comparación porque la concentración ante el Parlament fue «pinchada» en directo a lo largo de esa tarde varias veces por, al menos, una cadena de televisión de ámbito estatal. Sin embargo, no me consta que las asambleas de los huelguistas de El Prat que, como digo, eran unas veinte veces más, fuesen grabadas y emitidas por televisión alguna. En fin, como cabe imaginar, la huelga fue organizada por el comité de empresa y los sindicatos.

SEAT es la primera empresa industrial de Cataluña, lo que no es decir poco en un país en el que un modelo productivo basado en el ladrillo y la especulación nos metió en una crisis sin parangón. Es asimismo una empresa que pertenece a un sector exportador de productos de alto valor añadido y que viene a representar en torno al 7 por ciento del PIB. El centro de El Prat se dedica a la fabricación de cajas de cambio para todo el grupo. Digo esto porque no nos estamos refiriendo a un asunto meramente anecdótico.

Pues bien, la huelga terminó después de cuatro jornadas, cuando los trabajadores lograron que la compañía abandonase su pretensión inicial. Sin embargo para quien esto escribe ha sido muy difícil obtener estos datos. En Cataluña la repercusión mediática ha sido ínfima y fuera, sencillamente no ha existido. Informativamente hablando la huelga de SEAT ha sido sometida a una suerte de ley del silencio. Mientras tanto, quizás por casualidad, la marca ha aparecido en grandes anuncios en medios como en el que Gallego Díaz escribió el párrafo que hemos citado más arriba. Los tertulianos, los opinadotes profesionales y los hacedores de opinión no han tenido en esta ocasión la más mínima curiosidad en saber y contar qué hacen los sindicatos. No importa, volverán a repetir una vez más aquello de «¿dónde están los sindicatos?»

 

 

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