El trilema de Podemos

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La calle. Foto: Carmen Barrios

“Al amigo, camarada y maestro Manolo Monereo, siempre en la lucha.”

Podemos se encuentra ante un triple dilema en el nuevo escenario político que se ha abierto tras la llegada a la Secretaria General de Pedro Sánchez y ante la convocatoria del referéndum unilateral de independencia por parte de la Generalitat para el próximo septiembre u octubre de este año. Podemos se enfrenta al dilema de su relación con el PSOE donde se disputa la hegemonía en la izquierda, de su posición frente a la cuestión nacional y de sus problemas de organización y programa. La resolución de estos tres dilemas, o su fracaso, marcaran el futuro de la formación morada y de la izquierda radical en España. Analicémoslos uno a uno.

  1. Frente a la cuestión nacional Podemos ha tenido un mensaje que le ha sido dificultoso colocar en el electorado. Mientras en 2015 se dirimían unas elecciones autonómicas “plebiscitarias” en la que todos los partidos se posicionaban entre el “sí” y el “no” a la independencia, Catalunya Si que es Pot (ICV, Podem, EUIA, etc.) lanzaba un mensaje lleno de ambigüedades y silencios sonoros, que provocó un resultado decepcionante. Se ha hecho hincapié en querer un referéndum para poder ejercer el “derecho a decidir” (eufemismo que significa “derecho de autodeterminación”), pero más allá de fórmulas vagas sobre la “Plurinacionalidad” no se ha realizado ninguna propuesta sobre qué se ofrecerá a los catalanes para que se queden.

Esta ambigüedad tiene un recorrido corto. Los famosos “significantes vacíos” no son válidos cuando las opciones se reducen a respuestas binarias. Hay que mojarse. Este debate ha sido demasiadas veces aplazado dentro de Unidos Podemos, atados en la dinámica de intentar contentar a independentistas y nacionalistas a la vez que se contenta a los federalistas y unionistas, cuestión que será imposible llegado a un punto de no retorno donde una no decantación por alguna opción podrá arrastrar a perder a los dos electorados. Para añadir más confusión Podem Cataluña ha decidido apoyar el referéndum unilateral en contra de la posición de Podemos a nivel Estatal y de los Comunes de Colau (que quieren un referéndum con garantías y pactado), lo que lleva a contradicciones muy graves en el seno de la izquierda radical. Podem a fin de cuentas está dirigido por Revolta, un grupo similar a IA en el resto del Estado, que tiene su agenda propia más cercana a la CUP que a los federalistas, que actúa con espíritu de marginalidad y de grupúsculo. La dirección de Albano, aunque él está en contra de la independencia, desconoce que la mayor parte del voto que recibe la confluencia catalana proviene del sector más obrerista, federalista, autonomista, charnego, etc., de Cataluña, donde los independentistas son minorías. La gran fuerza de la posición de Podemos en Cataluña es que parecía que podía resolver el problema nacional uniéndolo a la cuestión social y democrática y no entregándose a las posiciones más cercanas a ERC, gran beneficiaria de este proceso, y del PDECAT, gran perdedor de este proceso.

La fuerza de la posición de Podemos en Cataluña es que parecía que podía resolver el problema nacional uniéndolo a la cuestión social y democrática y no entregándose a las posiciones más cercanas a ERC, gran beneficiaria de este proceso, y del PDECAT, gran perdedor de este proceso.

Sin un mensaje claro, sin un proyecto federal plurinacional, sin una propuesta acompañada de una gran pedagogía, Podemos puede perder numerosos votos ya sea en el interior de Cataluña y/o en el resto del Estado, alejándolo de cualquier posibilidad de ser hegemónico en la izquierda. Vamos a un choque de trenes entre el Estado central y la Generalitat, choque buscado por el PP y los independentistas, y si se produce y no estamos preparados la agenda social saltará por la ventana y quedaremos reducidos a un debate identitario donde la izquierda tiene las de perder. No sólo es necesario tener una Secretaria de Plurinacionalidad sino que hay que saber qué hacer con ella y dotarla de contenido que por ahora está ausente.

  1. Respecto al dilema de la relación con el PSOE, Unidos Podemos está reviviendo debates de la época de Anguita, y los miedos a ser subalternos en este proceso de “nueva Transición” que está viviendo el país. Creo sinceramente que no se ha hecho un análisis serio de lo que ha significado la victoria de Pedro Sánchez, aupado por una mayoría de la militancia frente al aparato. Se han hecho muchos análisis que buscan la “profecía autocumplida” de que todo es un timo y de que el PSOE sigue igual que hace unos meses.

Como en ningún proceso de cambio se produce una renovación completa de una organización, sino un proceso dialéctico entre lo viejo y lo nuevo, habrá que observar qué significa el nuevo PSOE  y qué deudas del pasado arrastra. Pero eso no se verá a corto plazo, habrá que estar atentos a la dirección que coja la nueva Ejecutiva socialista y a las numerosas contradicciones a las que se enfrenta.

Sin embargo, podemos señalar una serie de novedades que son interesantes y que marcarán probablemente el futuro del PSOE: La derrota del aparato apoyado por la vieja plana del PSOE es una novedad que no ocurre desde Borrell. La gran movilización de la militancia a favor de Sánchez y contra el aparato es otra novedad, y más teniendo en cuenta de que una parte no menor de la movilización es un “sí” crítico a Sánchez, que puede retirarle el apoyo si este se escora hacia la derecha o se pega demasiado al aparato. De hecho, Sánchez tendrá un juego complejo entre tener que pactar con una parte del Aparato del partido, que tiene conexiones con el poder real en España, y de mantener el apoyo de las Bases que lo auparon, si pierde el apoyo de las últimas Sánchez caerá  ya que “Roma no paga a traidores” y el Aparato le ajustará las cuentas. Otro factor es la renovación, por lo menos parcial, tanto del proyecto socialdemócrata, con todas sus contradicciones, como la llegada de viejos y nuevos dirigentes del ala izquierda a la Ejecutiva (como Borrell, Narbona o Perelló) desplazando la mediocridad del zapaterismo o a los dirigentes derechizados del felipismo.

Sánchez tendrá un juego complejo entre tener que pactar con una parte del Aparato del partido, que tiene conexiones con el poder real en España, y de mantener el apoyo de las Bases que lo auparon, si pierde el apoyo de las últimas Sánchez caerá  ya que “Roma no paga a traidores” y el Aparato le ajustará las cuentas.

Estas novedades creo que dificultan la posibilidad de que Sánchez se vea tentado a jugar un papel a lo Craxi en nuestro país, lo que le va a obligar a ir más lejos de lo que el Aparato del PSOE está dispuesto a aceptar. Aunque Sánchez no es Corbyn, ni de lejos, tiene la legitimidad tanto en el partido como en la sociedad por ser una de esas figuras que es maltratada que luego vuelve a lo Conde de Montecristo para vengarse. Esta legitimidad de mártir de la izquierda, sea real o imaginaria, le impide ser atacado de forma directa sin recibir una reprobación de la gente como hace que se le perdonen “los pecados” anteriores.

Sánchez está jugando bien sus cartas, por un lado mantiene cierta equidistancia entre C´S y Podemos, de manera que  no se entrega a Iglesias sabiendo que los dos son competidores por la hegemonía de la izquierda, y juega un papel de “outsider” mientras sus oponentes están enfangados en la política parlamentaria que le puede resultar muy beneficioso. Ha hecho otra jugada muy inteligente que ha sido reunirse con las dos grandes centrales sindicales (CCOO y UGT) para establecer una alianza, centrales que estaban hace unos meses dispuestas a pactar con Unidos Podemos ante la deriva de la Gestora del PSOE y que Unidos Podemos no ha sabido aprovechar.

Hegemonía de la izquierda

En el panorama actual hay una lucha explicitada por la hegemonía de la izquierda en este país, y aunque Podemos ha jugado en la última reunión bien sus cartas ya que ha mostrado voluntad de acuerdo, se le puede volver en contra si no sabe gestionar bien los tiempos, si no logra construir un buen proyecto de país y logra que quede explicitado la voluntad de ir a un frente común con el PSOE para derribar al PP y conformar un gobierno de progreso. El sorpasso es muy complicado que se dé en las circunstancias actuales, donde el PSOE repunta y recupera parte de su electorado y donde su Secretario General aparece como nuevo. Sólo se podría dar en el caso de realizar una política inteligente y de hilar fino en el Parlamento, demostrando la voluntad de pactar y pactando cuestiones comunes, mientras se fortalece la organización, se interlocuta con los sindicatos, se restablecen líneas de comunicación con los movimientos sociales y se construye un programa y un proyecto de país. Los grandes trasvases de votos desde el PSOE a Podemos, salvo giro inexplicado de la nueva dirección, se han acabado, el gran campo casi inexplorado que tiene Unidos Podemos ahora no es pelearse “por un  puñado de votos” que vengan de los socialistas, sino trabajar en la parte de la población que está excluida de la política y no se siente representada, así como en los nuevos votantes y abstencionistas. Si la lucha entre los dos partidos es demasiado explícita puede acabar abocando a muchos años de gobierno conservador en España.

  1. El último dilema de Podemos es organizativo. Podemos es un partido aluvión, donde mucha gente se ilusionó en un comienzo pero ha ido abandonando el partido al ser muy centralista. Los choques entre las diversas familias, los giros inexplicados, etc., han llevado a una bajada constante de la participación en los procesos internos de Podemos lo que debería de llevar a una reflexión que no se ha realizado por parte de la Ejecutiva actual. Es necesario descentralizar efectivamente Podemos y repartir el poder para que este no resida en su mayoría en cargos orgánicos y públicos, ya que condena a la organización a ser el “partido de notables” que describía Weber, y a tener una escasa implantación en el conjunto de la sociedad que puede amenazar con quebrar el partido con un par de reveses electorales. Hay que pasar a una militancia más clásica y menos basada en el clickactivismo y las redes sociales (aunque estas no hay que abandonarlas si hay que complementarlas con procedimientos más clásicos).

Podemos logrará recuperar parte de los desilusionados con el partido cuando este poder se reparta, cuando haya un discurso coherente y un programa realizable desgranado en medidas que den esperanza a muchas personas que vieron con simpatía la aparición de la formación morada. Hacen falta menos estridencias y más propuestas, más seriedad y rigurosidad, no puede ser, por ejemplo, que Podemos no tenga un modelo laboral alternativo más allá de querer eliminar las dos contrarreformas laborales del PSOE y del PP, necesita ser más radical (de ir a la raíz) en estos asuntos. La radicalidad no puede estar centrada en lo discursivo mientras se es profundamente conservador en lo programático, la fórmula ganadora es al revés, radical en lo programático y moderado en lo discursivo.

Es necesario construir un Podemos más fuerte, más descentralizado, más democrático, con un proyecto sólido y enraizado en la sociedad, para que sea un partido útil para una mayoría social, un partido, por consiguiente, que pueda impulsar la transformación social que necesita este país.

Podemos necesita coordinar los territorios de mejor manera, saliendo de la lógica de la competitividad neoliberal en los procesos internos, para intentar salir reforzados de los procesos internos asumiendo a las listas derrotadas como unos compañeros que tienen que aportar. Hay que recuperar a miles de personas que vinieron a Podemos sin pedir nada a cambio a trabajar de forma desinteresada por el cambio social, no nos sobran estos nos sobran los oportunistas que se han colado. De hecho, Podemos debe de solventar los graves problemas surgidos en Cataluña y Galicia, donde las últimas decisiones que se han tomado en las confluencias han dejado fuera de la Ejecutiva de En Marea a Podemos y a IU en Galicia, y de la confluencia a Podem en Cataluña, donde Madrid ha intentado introducir a Podem directamente bajo el ala de Colau desdibujando el proyecto  con vocación estatal.

La dirección de Podemos debe de ser más plural. No se puede aspirar a gobernar un país con un pequeño grupo de personas, por muy válidos que sean. Es necesario integrar a distintas sensibilidades dentro de nuestra Ejecutiva. Sobre todos aquellos/as que puedan aportar en aspectos significativos dentro de la organización (por ejemplo los que provienen de los sindicatos) y construir una Ejecutiva inclusiva en vez de excluyente. No se puede fiar todo a la suerte de que el Secretario General y su equipo acierten siempre, porque si fracasan se hunde el proyecto con ellos.

Es necesario construir un Podemos más fuerte, más descentralizado, más democrático, con un proyecto sólido y enraizado en la sociedad, para que sea un partido útil para una mayoría social, un partido, por consiguiente, que pueda impulsar la transformación social que necesita este país. No nos equivoquemos compañeros y compañeras, no tendremos otra oportunidad.

 

 

 

 

 

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