España: eslabón entre la cristiandad y el islam

Toledo
Vista de Toledo. Foto: Carmen Barrios

En 1956 el historiador Ramón Menéndez Pidal publicó un libro muy relevante sobre la Historia de España con este título, un título que incluso hoy en día puede parecer chocante para quienes tienen una visión unifocal de la Historia.

En el texto, Menéndez Pidal ponía de manifiesto que la conformación de España durante siglos como un espacio de frontera, de disputa militar entre los reyes cristianos y los musulmanes, había dado lugar también a una profunda osmosis cultural, que impregnó al conjunto de las sociedades peninsulares. Esto es algo que no sucedió en ningún país del resto de Europa y que está en el germen de la amplia tolerancia que muestra en la actualidad la sociedad española.

El año 1212 fue muy trascendente en la historia de España. Tras la batalla de las Navas de Tolosa enseguida cayeron las taifas árabes de Jaén, Córdoba, Sevilla, Badajoz y Murcia. Las tropas castellanas se extendieron en poco tiempo por todo al-Andalus, excepto por el reino nazarí de Granada y por las taifas de Niebla y Tejada (Huelva).

Sin embargo, es mucho menos conocido que en ese mismo año se creó el primer centro de enseñanza superior en las tierras cristianas de la península: el Studium Generale de Palencia. Cuarenta años después Alfonso X el Sabio fundó la primera universidad de Europa en Salamanca. De forma paralela a su expansión territorial, Castilla empezó a adquirir una creciente relevancia cultural gracias a su capacidad para absorber gran parte del conocimiento árabe, indio, judío y clásico, que estaba aposentado en la península desde hacía siglos.

La Escuela de Toledo

Es en Toledo, bajo dominio castellano desde finales del siglo XI, donde el crisol cultural peninsular alcanzó su apogeo. El arzobispo toledano Raimundo de Sauvetât, aunque nacido en la Gascuña francesa, impulsó a partir del siglo XII el trabajo de varios eruditos que se dedicaban a traducir del árabe al castellano y al latín muchas de las joyas científicas, filosóficas y literarias que albergaba la biblioteca de los reyes taifas, dando lugar a una cadena de traducciones sucesivas: del árabe al castellano, del árabe al hebreo, del hebreo y del castellano al latín, del latín al francés y al inglés. Los sabios judíos fueron los responsables de más de la mitad de las traducciones de la Escuela de Toledo. Gracias a la labor de estos traductores llegaron a una Europa ávida de nuevos conocimientos las obras de Ptolomeo, Euclides, Al-Jwarizni, Avicena, Aristóteles o Ibn Gabirol, el más afamado poeta judío de la Edad Media.

La traducción de cientos de libros en la escuela de Toledo, que eran un compendio de la sabiduría acumulada por la Humanidad hasta entonces, aportó una valiosísima información en muchísimos campos de las ciencias y las artes, en medicina, botánica, geografía, farmacología, matemáticas, astronomía y filosofía.

Esta actividad fue apoyada con entusiasmo por Alfonso X El Sabio. Tal vez sea Yehuda ben Mose, rabino de la sinagoga de Toledo y médico del rey, el mejor representante de ese Toledo de las “Tres Culturas”. Su traducción del “Libro de la azafea” de Azarquiel, astrónomo andalusí del siglo XI a quién Copérnico cita de forma reiterada, permitió que el Occidente cristiano no solo profundizara en el desarrollo de las matemáticas y de la astronomía, sino que accediera a un instrumento de navegación marítima tan importante como el astrolabio.

La azafea es un astrolabio perfeccionado que hace posible el cómputo y observación astronómica en cualquier latitud, a diferencia del astrolabio, que solo permite hacer los cálculos desde una latitud específica. Gracias a ello los navegantes árabes podían orientarse en los dos hemisferios terrestres, lo que les facilitó la exploración de las ignotas tierras africanas del hemisferio Sur. Otro ejemplo del alto grado de conocimiento astronómico desarrollado por los árabes peninsulares, fundamental para la navegación en esa época, es el globo celeste construido por Ibrahim al Shalí en 1081, el más antiguo que se conoce: una esfera de latón de unos 20 centímetros de diámetro, en la que están representadas cuarenta y siete constelaciones y más de mil estrellas.

La traducción de cientos de libros que eran un compendio de la sabiduría acumulada por la Humanidad hasta entonces aportó una valiosísima información en muchísimos campos de las ciencias y las artes, en medicina, botánica, geografía, farmacología, matemáticas, astronomía y filosofía. Toledo se convirtió un importante foco cultural para toda Europa.

Fueron numerosos los eruditos de más allá de los Pirineos que vinieron a empaparse del enorme volumen de conocimiento que irradiaba la ciudad castellana: el flamenco Rodrigo de Brujas, los italianos Gerardo de Cremona y Platón de Tívoli, el francés Guillermo de Marsella, los ingleses Daniel de Morley (cuyos textos dirigidos al obispo de Norwich fueron fundamentales para que Oxford pudiera conformarse como un centro de enseñanza de la filosofía griega de escala europea), Alejandro Neckham, Alfredo de Sareshel y Abelardo de Bath (que ya en el siglo XII, gracias a los conocimientos adquiridos en Toledo, defendía que la tierra era redonda), o el escocés Miguel Scoto, que posteriormente trabajo al servicio de dos Papas y fue nombrado arzobispo en Irlanda.

Aunque Toledo no fue el único núcleo de difusión cultural, en muchos casos traductores supuestamente adscritos a la ciudad del Tajo tan solo pasaron un tiempo allí y terminaron sus trabajos en otras ciudades como Tarazona, Barcelona, León o Burgos. La capacidad de irradiación cultural mestiza que adquirieron los reinos cristianos de la península ibérica durante la Baja Edad Media no estaba circunscrita a Castilla.

Ramón Llull, puente entre culturas

La figura intelectual más importante del siglo XIII sin duda fue el mallorquín Ramón Llull. Este sabio catalán, que luego fue preceptor del rey Jaume II de Mallorca, realizó una profusa labor como puente entre las culturas árabe y catalana. Escribió más de doscientos sesenta obras, principalmente en catalán y árabe, que incluían materias tan diversas como la filosofía (Ars magna), la ciencia (El Arból de la Ciencia, Tratado de Astronomia), la educación (Blanquerna), la mística (Libro de la contemplación), la gramática (Retòrica nueva), la caballería (Libro del Orden de Caballería), novelas (Libro de las maravillas). En su “Libro de ascenso y descenso de la inteligencia” anticipa, tres siglos y medio antes que Newton, el concepto de gravedad cuando dice: “Es la piedra movible con movimiento violento o natural: violento cuando se arroja con impulso al aire, y natural cuando desciende, pues entonces se mueve conforme a la gravedad”.

 

 

 

 

Bruno Estrada
Acerca de Bruno Estrada 26 Articles
Economista. Adjunto al Secretario General de CCOO. Miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de PODEMOS.

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