Había que regalar esperanza. Manuela Corredera Gallego (1950 – 2016) in memoriam

Manuela
Manuela Corredera en una imagen cedida por la familia

Pronto, demasiado pronto, se nos ha ido Manuela Corredera y nos ha dejado algo más solos y tristes en esto de vivir. Nacida y crecida en el pueblo de Aravaca (Madrid) durante la gris paz de los vencedores, desde muy pronto decidió que no quería, que no podía ser doblemente súbdita; como española no quería ser súbdita de una dictadura y, como mujer, no podía aceptar ser súbdita de una estructura social que la condenaba a ser -legal y de facto- mera sombra de un hombre. Convencida de que había de ser ciudadana igual y libre y de que, como ella, habían de serlo el resto de sus congéneres, dedicó su vida a la causa de formar sociedad democrática hasta el último suspiro de su vida, no en vano la muerte decidió llevársela cuando estaba en una manifestación contra la violencia machista.

En su camino vital tuvo Manuela la suerte de encontrar pronto a un cordobés de corazón de oro, Antonio Amil, con quien aunó esfuerzos y formó familia, criando hombres libres, Asier y Antonio. Afiliada a las Comisiones Obreras y al PCE desde finales de los años 60, en 1979 Manuela formó parte de la lista electoral del PCE que ganó las elecciones al Ayuntamiento de Córdoba y, con ello, del primer equipo de gobierno democrático de la ciudad desde la II República. Junto con sus compañeros llevó Manuela la calle a las instituciones y puso las instituciones municipales al servicio de la calle, de la gente de a pie, de la población cordobesa que había votado para no ser súbdita, sino ciudadana. La Córdoba de las instituciones democráticas municipales era para ella el instrumento con el que fortalecer y mejorar la Córdoba democrática de las calles y, así, entre 1979 y 1987, años en los que formó parte de la corporación municipal, Manuela contribuyó decisivamente a formar el área de servicios sociales, área que fue pionera en España, y la empresa municipal de recogida de basuras. Manuela, si bien llevaba ambos temas en el corazón, tenía un hueco especial reservado para un episodio que, siendo en apariencia casi anecdótico, definió como pocos su forma de encarar la vida y plantear cambios de calado sin hacer grandes alardes.

La Córdoba de las instituciones democráticas municipales era para Manuela Corrdera el instrumento con el que fortalecer y mejorar la Córdoba democrática de las calles y, así, entre 1979 y 1987, años en los que formó parte de la corporación municipal, Manuela contribuyó decisivamente a formar el área de servicios sociales, área que fue pionera en España, y la empresa municipal de recogida de basuras.

En 1986 formó, junto con otras dos concejalas del equipo de gobierno, el trío de reinas magas de la cabalgata de aquel año, cabalgata que tuvo resonancia no sólo más allá de Córdoba, sino más allá de España, pues incluso algunos medios extranjeros se hicieron eco del acontecimiento. Hizo de Gaspar  y lo hizo además sin barba, lo que algunos consideraron una doble provocación cuando no era otra cosa que una declaración de principios. Para ella las mujeres eran tan dignas y legítimas para repartir felicidad como los hombres y no tenían por qué ocultarlo tras una barba postiza. Aquella cabalgata fue una forma doble de construir sociedad, pues no sólo incluyó a las mujeres al hacer de reina maga, sino que trató de incluir, en la medida en que una cabalgata podía hacerlo, a los más desfavorecidos de Córdoba. El recorrido pasaba por varias calles de los barrios pobres y una de las grandes preocupaciones de Manoli -quien no sólo era Gaspar, sino la encargada de asuntos sociales- era que quedaran caramelos suficientes para repartir entre los niños de aquellas calles. Un par de caramelos no eran en sí mucho, pero en aquella cabalgata eran un mundo, pues no eran sino hacer sentir y saber a los vecinos de aquellas zonas que la cabalgata municipal también era suya, que ellos también eran Córdoba y que la Córdoba de la calle que con ella estaba en las instituciones no sólo les quería llevar servicios básicos, sino esperanza, convencimiento de que el futuro merecía la pena alcanzarlo y construirlo. Emocionaba oírla contar el episodio muchos años después, pues le hacía a uno reír cuando explicaba cómo había llegado a hacer de Gaspar barbilampiño como si fuera lo más natural del mundo y le dejaba pensativo cuando ponía tanto énfasis en explicar por qué aquellos sencillos caramelos eran tan importantes.

En 1987 se fue del ayuntamiento como había llegado, sin alardes y con la tranquilidad de quien sabe que ha hecho lo justo y, si bien dejó la política institucional, no dejó de construir sociedad allí donde más le importaba, en la calle. Recorrer Córdoba con Manoli era pararse -literalmente, sobre todo si iba en compañía de Antonio, otro tesoro de democracia a pie- en cada manzana a saludar a alguien, a interesarse por alguien, a preguntar por la vida de la gente, desde el cura de la parroquia al tendero, la platera, la viuda o el inmigrante. Manoli era democracia en movimiento y a diario y, si tuvo etapas de mayor o menor actividad, un hecho fue constante; el ritmo podía bajar o subir, pero no se detenía nunca. Los derechos de la mujer fueron bandera suya siempre y, desde que comenzó la crisis y nuevamente las partes más débiles de la sociedad volvieron a recibir los golpes más duros, “la Malolita” volvió a revolverse y, junto con Antonio, se plantó más y más en las calles, no para vociferar, sino para hablar con los vecinos, con los conciudadanos y seguir haciendo sociedad al andar por las calles de Córdoba.

Manuela Corredera se nos ha ido en el tiempo del frío, pero nos ha dejado el calor humano del compromiso diario, de la constatación de que una sociedad democrática es posible y que se construye entre todos y para todos. En la próxima manifestación, en la siguiente reunión de la asociación, no estará de cuerpo presente, pero sí estará de espíritu, porque irá con todos aquellos a los que, como a los niños de la cabalgata, nos estuvo regalando caramelos de esperanza durante años.

 

 

Enrique Corredera Nilsson
Acerca de Enrique Corredera Nilsson 12 Articles
Historiador. Del Mediterráneo al Báltico, Europa es mi casa. Por vocación me dedico a analizar el pasado, pero lo que más me gusta es pensar el futuro para construir el presente. De momento lo hago a medio camino entre una y otra mar, a la orilla de un tercero, el de Suabia”

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