Impasible el ademán: el debate de la segunda vuelta de las presidenciales francesas

macrom y Le Pen
Macrom, Le Pen debaten el la TV francesa.

Anoche tuvo lugar el tradicional debate previo a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas, que enfrentó al candidato de ¡En marcha!, Emmanuel Macron -que-no-es-de-derechas-ni-de-izquierdas- y a la candidata del partido de extrema derecha Frente Nacional -e «hijísima» del fundador del partido-, Marine Le Pen.

El tenso debate ha sido calificado por la prensa francesa de «intercambio cacofónico, plagado de agresividad» o, directamente, de «combate de boxeo». Y no les falta razón. La candidata del Frente Nacional abrió el debate acusando a su adversario de ser el candidato de la «mundialización salvaje, de la uberización, de la precariedad, de la brutalidad social y de la guerra del todos contra todos». Esto fue calificado de «logorrea» por Emmanuel Macron, que puso de relevancia la falta de «fineza» de su adversaria.

Marine Le Pen repitió infatigablemente estos machacones adagios, lo cual le evitó desarrollar cualquier punto programático sensato. Simple y llanamente, porque no tiene programa alguno, más allá del espantapájaros de la inmigración y de la inseguridad. Tal vez espera convencer a fuerza de repetir a machamartillo los mismos argumentos vacuos, practicando el «difama, que algo queda» y esperando que sus electores fieles, un parte no desdeñable de los cuales son antiguos votantes de izquierda, adhieran a su programa político con las tripas (con la cabeza es imposible).

Marine Le Pen no responde a ni una sola de las preguntas planteadas por los espartanos periodistas, que debieron de consumir toneladas de paciencia para afrontar este debate electoral, y únicamente recurre a argumentos ad hominem. Tal vez debería decir ad Macronem, porque no paró de atribuir todos los males del país a los dos años contados en los que su adversario ejerció como ministro de la Economía.

Emmanuel Macron estuvo superior a todos los niveles, aunque su punto débil está en el lado izquierdo de su programa, donde le ha salido una urticaria de indecisos que no cejan en su empeño de exigir gestos del más que probable próximo presidente de la República francesa.

Emmanuel Macron estuvo superior a todos los niveles, simplemente porque dice cosas que son muy discutibles, pero tienen sentido. Su punto débil se ubica en el lado izquierdo de su programa, donde le ha salido una urticaria de indecisos que no cejan en su empeño de exigir gestos del más que probable próximo presidente de la República francesa. Tal vez quienes exigen gestos hacia la izquierda, como la abrogación de la reforma laboral, olvidan que hasta hace un par de días estaban lamiéndose las heridas con fruición, incapaces de estar a la altura de las circunstancias. Mélenchon ha necesitado una semana para recuperarse de su eliminación de la carrera presidencial, algo que era más que previsible, y ahora anda pidiendo gestos para la izquierda. Si hubiera puesto por delante la razón de estado y se hubiera posicionado claramente contra el Frente Nacional desde el 23 de abril -cuando tuvieron lugar las votaciones de la primera vuelta- en lugar de poner en duda el escrutinio, si no hubiera perdido una semana haciendo cálculos electorales y trueque de circunscripciones con el Partido Comunista Francés -quien sí se ha posicionado claramente contra Marine Le Pen-, tal vez ahora podría exigir algo. Jean-Luc Mélenchon, que ha llegado a posicionarse como primer ministro tras una hipotética victoria «insumisa» en las legislativas de junio, ni siquiera se ha pronunciado cuando Marine Le Pen -que hace todo lo posible por sacarse de encima la imagen ultramontana que su padre le confirió al partido y por conquistar a los votantes de Mélenchon- hizo circular por redes sociales una comparativa de ambos partidos, en la que se intenta mostrar que los programas económicos del Frente Nacional y de La Francia insumisa se parecen. El trabajo de desmentido que tenía que haber hecho Mélenchon -que al parecer no se dio por aludido ante esta flagrante instrumentalización de su programa- lo hizo el diario Le Monde, tirando por tierra la mayoría de las afirmaciones que el Frente Nacional hacía en dicho folleto. Esperemos que este cálculo político no cueste tan caro que tengamos que hacer las maletas ante el posible caos económico como consecuencia de la salida de la zona euro de una de las primeras economías de Europa.

El debate estuvo dividido en varios apartados, de los cuales abordaremos los más relevantes. En la sección sobre política fiscal y relaciones laborales, Marine Le Pen propone bajadas generalizadas de impuestos que se financiarán, según ella, con un aumento en el gravamen de los productos importados. Con este tipo de medidas se dirige preferentemente a los agricultores, pescadores y ganaderos, quienes constituyen un importante nicho de votantes para el Frente Nacional. Emmanuel Macron, por otro lado, propone medidas concretas como la modificación de uno de los impuestos más injustos del sistema fiscal francés, como la «tasa de vivienda» (una especie de IBI mucho más desproporcionado cobrado por el Estado, y no los Ayuntamientos) y propone desvincular las prestaciones al desempleo de la nómina, vinculándolo a la recaudación de impuestos, así como medidas que afectan a la fiscalidad de las PYME.

Los dos candidatos se enfrentaron también a cuenta de la inversión de la jerarquía de normas entre el estatuto de los trabajadores y el convenio de empresa, base de la reforma laboral en España y medida preconizada por Emmanuel Macron desde que era Ministro de Economía, y los convenios sectoriales que defiende Marine Le Pen. Humildemente debo reconocer que sigo sin comprender la propuesta de Marine Le Pen. ¿Será porque no la sabe explicar? Por desgracia, la medida del candidato de ¡En marcha! en España la conocemos perfectamente…

En dos ocasiones a lo largo del debate, tras hallarse en un callejón sin salida, Marine Le Pen sacó la artillería pesada de sus «hechos alternativos», al acusar a Macron de fomentar los vientres de alquiler -en realidad lo que Macron defiende es que los menores que entran en Francia procedentes de gestación subrogada adquieran la nacionalidad francesa y no permanezcan en un limbo administrativo-. En otro momento, Le Pen acusó a Macron de contar con el apoyo de la organización supuestamente islamista en manos de los Hermanos Musulmanes, llamada UOIF -Unión de Organizaciones Islámicas de Francia-, hecho negado por Emmanuel Macron y por la propia UOIF en su página web. Añadiremos que la vinculación de UOIF con los Hermanos musulmanes es un «hecho alternativo» de la señora Le Pen.

Otro de los puntos calientes del debate fue el bloque dedicado a inmigración y seguridad. Aquí es donde Le Pen brilla más que el sol: la candidata del Frente Nacional acusa a Macron de laxismo ante el terrorismo, y propugna la expulsión del territorio francés de los llamados «fichados S», básicamente personas potencialmente radicalizables, que podrían constituir una amenaza para el país. En realidad, estos archivos están directamente relacionados con información e inteligencia, y no con crimniales que han pasado al acto. Por lo tanto, en un estado de derecho es imposible expulsar del territorio a una persona que no supone una amenaza real para el país. Esto no impidió a la candidata del Frente Nacional gritar en mitad del debate «todos los ficheros S, ¡fuera!, ¡fuera!». Tal vez fue en esta parte en la que Emmanuel Macron estuvo más elocuente, afirmando que la actitud de Marine Le Pen constituye una apelación al odio y que un Frente Nacional en el poder beneficiaría a los islamistas, quienes -supuestamente- estarían deseando que el Frente Nacional llegue al poder. Macron llegó a decir que Marine Le Pen es la gran «sacerdotisa del miedo».

Según las encuestas, Emmanuel Macron ganará las elecciones. Según la maledicente vox populi, Marine Le Pen seguirá embolsándose los euros de su muy denostado europarlamento.

Por otro lado, Emmanuel Macron estuvo a punto de perder la paciencia en el apartado dedicado a Europa y el euro. El candidato de ¡En marcha! brilló menos de lo esperado, tal vez porque lo que propone no es muy novedoso, o tal vez porque debatir con esta señora -que se escuda detrás de su entrenada sonrisa angelical para soltar todo tipo de barbaridades- debe de ser agotador. Marine Le Pen propugna la creación de una «moneda del pueblo», frente al euro, que sería la «moneda de los banqueros». No llega a utilizar explícitamente la palabra «franco», pero propugna la creación de una moneda de uso corriente para las pequeñas transacciones, dejando el euro «para las grandes empresas mundializadas». Macron sacó al banquero que lleva dentro -y fuera, no solamente es un banquero, además lo parece- para explicar que eso es una barbaridad con tres pinceladas: la dualidad de usar una moneda fiduciaria frente al euro, lo cual complicaría el pago de las importaciones para los agricultores o las empresas, la esquizofrenia que supondría dicha dualidad para afrontar el pago de la deuda francesa y la posible devaluación de los ahorros de la ciudadanía francesa. Marine Le Pen, impasible el ademán, llegó a afirmar que la economía del Reino Unido ha mejorado notablemente desde que se votó el Brexit. Si bien el PIB británico ha aumentado un 2% recientemente, resulta complicado pensar que esto haya podido producirse desde el 29 de marzo, cuando Theresa May activó la desconexión con Europa.

La violencia y la agresividad de este debate, que no fue tan seguido en la televisión como en citas electorales previas, no sorprende tanto a una hispánica espectadora, acostumbrada a las invectivas patrias, la violencia verbal o la falta de programa político. En cualquier caso, según las encuestas, Emmanuel Macron ganará las elecciones. Según la maledicente vox populi, Marine Le Pen seguirá embolsándose los euros de su muy denostado europarlamento. En fin, seguiremos informando.

 

 

Sara Álvarez Pérez
Acerca de Sara Álvarez Pérez 4 Articles
Profesora de español en París

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