La hipótesis Errejón

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El cambio en marcha. Foto: Carmen Barrios

Despejada la incógnita del ser o no ser de los pactos a favor de un Gobierno alternativo y en puertas de la segunda oportunidad que ofrece el 26J para lograrlo, Íñigo Errejón ha escrito un artículo, Podemos a mitad de camino, que le honra y merece una lectura desprejuiciada, atenta y crítica.

Lo ha publicado en un momento delicado en el que sus planteamientos y su actuación como Secretario Político de Podemos han sido abiertamente cuestionados por otras corrientes de su propio partido. Y lo ha hecho con enjundia y la evidente intención de ayudar a lectores atentos y dispuestos a pensar los complejos obstáculos que deben afrontar y superar las fuerzas favorables al cambio. Un cambio que pasa a corto o medio plazo (dos meses si las cosas van muy bien o cuatro años si no van tan bien) por desplazar del Gobierno al PP y poner las instituciones al servicio de la mayoría social.

El artículo ha tenido mucho recorrido en las redes sociales (tuits y demás) pero su impacto ha sido leve. Pocas contestaciones han intentado formular una crítica argumentada y, entre ellas, la mayoría estaban más preocupadas en atacar posiciones tácticas imprecisas, en parte imaginarias, que en aclarar los temas en discusión y la sustancia o el alcance de las diferencias.

Por su parte, los partícipes de las ideas de Errejón han ofrecido un perfil bajo y se han contentado con defender algunas posiciones (transversalidad, un nosotros blando o construcción de un pueblo), sin entrar a responder a las críticas desmesuradas o ásperas en exceso. Puede que sea lo mejor para calmar las aguas, pero contribuye poco a entender qué hay en juego, tanto en el terreno de la teoría como en el de la práctica política inmediata (que se superpone con la nueva batalla electoral), y a favorecer un debate transparente y abierto. Más aún para los que no conocemos los arcanos de la toma de decisiones en la cúpula dirigente de Podemos ni las diferentes argumentaciones que, en su caso, se hayan podido producir.

Con el ánimo de proseguir una reflexión que me parece de mucho interés y calado, más allá de la inminente campaña electoral y los múltiples e importantes problemas que deben ser resueltos en estos días, paso a señalar las posiciones del artículo de Errejón que, en mi opinión, requieren un mayor soporte argumental o más recorrido experimental y algunos de los puntos de mayor trascendencia:

Primero. La reivindicación de la política como construcción colectiva de un relato que agrupe dolores, postule una visión diferente de la situación, etc., tiene sentido siempre que se presuma como sabido que existen otras muchas formas de hacer política y entender la acción política. Tantas formas como relaciones establecen individuos y colectivos con las tareas y la acción políticas. La política se vive, se hace, se entiende y se reivindica o critica y rechaza de múltiples formas. Y, como consecuencia, ni todas las formas de hacer política desembocan en el terreno electoral o consideran lo electoral como el terreno preferente de actuación, ni las batallas políticas se concentran siempre o, mucho menos, se ganan en la esfera discursiva. Los movimientos y organizaciones sociales y los propios sujetos políticos se construyen al tiempo que desarrollan un imaginario o relato común, acumulan experiencias e impulsan acciones (huelgas, movilizaciones, debates o acciones de resistencia y solidaridad) en defensa de unos intereses, colectivos e ideas y en confrontación con otros.

En lo esencial, no hay proceso de construcción de un pueblo; hay construcción de una plataforma electoral (o partido político) que en palabras de Errejón aspira, nada menos, que a construir un pueblo y representar un nuevo proyecto nacional.

Segundo. La idea -convertida en la tesis central- que explica la capacidad transformadora de Podemos, de que el discurso o el lenguaje son “el terreno de combate fundamental” para cambiar los equilibrios de fuerzas en la sociedad necesita más mesura y experimenta un mayor rodaje. No fue así antes del nacimiento y crecimiento de Podemos como alternativa creíble ni, probablemente, será así si los resultados del 26J permiten dar paso a ese Gobierno alternativo de progreso que no fue posible tras el 20D. Los resultados del 26J pueden provocar un deslizamiento a favor de la relevancia de las medidas, que sea capaz de aprobar la nueva mayoría parlamentaria a favor del cambio, y de la gestión de esas medidas que realice el nuevo Gobierno de progreso para intentar aplicarlas. Tal escenario, posible, no supone minusvaloración de la imprescindible conexión entre una mayoría parlamentaria diversa y una mayoría social aún más heterogénea convertida en el verdadero y real soporte y protagonista del cambio.

Tercero. El éxito de Podemos no solo se basa en la audacia y los aciertos propios, que son muchos e innegables, sino en el fracaso de una política y un sistema de partidos que permitió desvelar la farsa insostenible en el que se había basado el crecimiento económico y el bienestar de una parte fundamental de la población durante los años previos al estallido de la crisis global de 2008. Y esa labor de desvelamiento no la hizo Podemos. Muchos factores confluyeron para poder llegar al momento crucial en el que cristalizó el 15-M y proporcionó el trampolín y el agua en el que se pudo zambullir el experimento Podemos. No es desde la hipótesis Podemos desde donde se puede dar sentido y explicar ese proceso. Lo que Podemos construye no es un pueblo, sino una fórmula electoral que expresa o representa mejor que ninguna otra un proceso masivo (lo de mayoritario está por ver y hay que lograrlo en las urnas y en el Parlamento el próximo 26J) de indignación y politización en algunos segmentos muy importantes del cuerpo social que han sido capaces de ejercer una posición de liderazgo que ha arrastrado hacia sus propuestas e ideas a sectores muy diversos que antes votaban a otros partidos o no votaban. En lo esencial, no hay proceso de construcción de un pueblo; hay construcción de una plataforma electoral (o partido político) que en palabras de Errejón aspira, nada menos, que a construir un pueblo y representar un nuevo proyecto nacional.

Cuarto. Tal y como refleja el texto de Errejón, un nuevo discurso hegemónico o en ascenso siempre coexiste con viejos relatos, símbolos, ideas y convicciones o verdades distintas. Para alcanzar y consolidar esa hegemonía cultural hará falta también impulsar nuevas prácticas de relación social y económica. La hegemonía nunca se da como dominio ideológico o cultural completo. Y menos aún en sociedades complejas que valoran los principios, las formas y las actuaciones democráticas que dan cobijo y aprecian la diversidad. Será necesario desarrollar nuevos entramados socio-económicos y socio-culturales alternativos que, probablemente, durante un largo periodo, van a convivir de forma subordinada con el tejido empresarial, la lógica económica, los discursos y culturas preexistentes.

Quinto. Los pueblos y las sociedades plurinacionales están en permanente construcción, en una búsqueda no siempre consciente de identidades que tiende a la homogeneidad, pero también y al mismo tiempo a la fragmentación. Tienen detrás una larga historia de experiencias acumuladas que hacen las veces de límite o restricción de un proceso en el que influyen numerosos factores y agentes políticos y culturales. En esa construcción permanente no todo se hace desde la política o desde las emociones. Se parece más a un permanente tejer y destejer en los que se mezclan e interactúan diferentes identidades, necesidades, acciones y relatos no necesariamente en conflicto ni con un orden jerárquico duradero. Los pueblos o las sociedades reales no están construidos de antemano ni se construyen de una vez por todas: no son un papel en blanco sobre el que se pueda escribir cualquier cosa. Efectivamente, se parte siempre de una mayoría social preexistente que, para que haya un cambio sustancial (elementos de ruptura significativa con el viejo orden o con la situación anterior), debe entrar en crisis, modificar su composición interna y las relaciones y jerarquías entre sus componentes. Y en ese cambio, en las sociedades democráticas con un sistema de partidos institucionalizado (con raíces ciertas en la sociedad, organizaciones relativamente sólidas y legitimidad suficiente, aunque contestada), seguirá existiendo la intermediación de los viejos partidos políticos, que no siempre resultarán ser cáscaras vacías a punto de derrumbarse, dejando un solar dispuesto para otro constructor.

La UE se ha convertido en una máquina de reglamentar, con un control de la Comisión Europea sobre los presupuestos de los Estados miembros que no cuadra con ningún tipo de concepción democrática, por muy laxa que tal concepción sea. En la eurozona se ha producido una ruptura de hecho entre moneda única y soberanía política.

Sexto. El cambio político o el mero enunciado de un cambio que permita afrontar los problemas económicos, sociopolíticos e institucionales que sufre nuestro país deben ser abordados también en el ámbito europeo. La UE se ha convertido en una máquina de reglamentar, con un control de la Comisión Europea sobre los presupuestos de los Estados miembros que no cuadra con ningún tipo de concepción democrática, por muy laxa que tal concepción sea. En la eurozona se ha producido una ruptura de hecho entre moneda única y soberanía política. Y en ese escenario estamos huérfanos de pueblo y de mecanismos democráticos de control sobre las instituciones europeas, apareciendo de forma pura y dura el problema de las alianzas políticas para romper la hegemonía del bloque de poder conservador encabezado por Merkel. Por incomprensión o dificultad evidente de articulación con el discurso de construir un pueblo que represente un nuevo proyecto nacional, la imprescindible reforma institucional de la eurozona es hoy un desierto inexplorado en el que Podemos entra con timidez y que en el mapa de preocupaciones que revela el artículo de Errejón no aparece por ningún lado.

Algunas de las críticas realizadas al artículo de Errejón por compañeros de su partido son un claro ejemplo de lo que no debe ser un debate: se arremete contra fantasmas que no aparecen en el texto que se critica o, peor aún, se destacan algunas frases o ideas aisladas, sacándolas fuera de la lógica del discurso, para utilizarlas como munición contra su autor, con el probable objetivo de debilitar su posición y lo que pueda suponer el errejonismo en el seno de Podemos.

La argumentación y la actitud que refleja el artículo de Errejón están muy por encima (en solidez argumental, apertura de la reflexión y actitud constructiva) de la de sus críticos. En todo caso, que algunas de las tesis e hipótesis que sostiene el artículo de Errejón me parezcan poco sólidas o, en más ocasiones, generalizaciones discutibles, antes que un impedimento, supone una invitación a seguir reflexionando y debatiendo sobre las ideas y los objetivos que plantea. Sin dejar por ello de seguir trabajando codo a codo con Podemos y el conjunto de fuerzas progresistas para que el próximo 26J sea posible el cambio que necesita y requiere la mayoría social. ¡Se puede! A poco que se hagan un poco mejor las cosas y se ponga el cuidado que merecen acuerdos que son y serán necesarios para que las fuerzas del cambio alcancen el Gobierno y pongan las instituciones al servicio de la mayoría social.

 

 

 

 

 

 

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