Las tareas de Podemos

la resistencia
Trayectoria. Foto: Carmen Barrios

Lo que suceda en la próxima Asamblea de Podemos en Vistalegre interesa a todas las personas progresistas y de izquierdas que desean acabar con la pérdida de empleos y el deterioro de bienes públicos, derechos laborales y sociales, rentas salariales y condiciones de vida que desde 2008 ha sufrido una parte importante de la sociedad española. De lo que ocurra con Podemos dependerá en buena parte que el Gobierno del PP siga otros cuatro años campando a sus anchas en las instituciones, manteniéndolas al servicio de los intereses de la poderosa minoría que intenta seguir ganando privilegios y rentas a costa de la mayoría. O, en sentido contrario, que se pueda torcer el brazo al Gobierno de Rajoy, limpiar de corrupción y corruptos la vida pública y aprobar medidas que mejoren de forma efectiva la situación de los más débiles. Podemos debe elegir en Vistalegre si confirma su vocación de herramienta útil para el cambio político y social o se desplaza hacia una posición testimonial de denuncia y resistencia, que no ofrece un horizonte cercano de cambio a favor de la mayoría social.  

Lo que suceda en la Asamblea de Podemos en Vistalegre II interesa a todas las personas progresistas y de izquierdas que desean acabar con la pérdida de empleos y el deterioro de bienes públicos, derechos laborales y sociales, rentas salariales y condiciones de vida que desde 2008 ha sufrido una parte importante de la sociedad española.

Los asuntos centrales que debe dilucidar Podemos son al menos dos: por un lado, precisar una acción política inmediata que sea viable y eficaz para solucionar los problemas que sufre la mayoría social; por otro, acordar una propuesta organizativa que permita la integración de la diversidad (tanto ideológica como territorial) a base de limar hiperliderazgos y plasmar proporcionalmente en todos sus órganos de decisión la pluralidad que existe. Existen mimbres suficientes (documentos, propuestas y voluntades) para que en Vistalegre se alcancen esos dos objetivos, pero siempre existe la posibilidad de que suponga un mal paso y dificulte las posibilidades del cambio. Veremos lo que dictan las personas inscritas con capacidad de decidir.

Uno de los documentos políticos que se aportan al debate de Vistalegre, el que presenta la corriente que encabeza Errejón, “Desplegar las velas: un Podemos para gobernar”, merece especial atención. En él se pueden distinguir dos partes diferenciadas.

En el primer tercio del documento, que cabe calificar de alto vuelo y excelente, se examina la intrincada coyuntura política y las diferencias internas surgidas al calor de la larga etapa electoral desarrollada en 2016 y de los movimientos tácticos que, finalmente, desembocaron en la continuidad de Rajoy al frente de un nuevo gobierno del PP. Diferencias que se han prolongado a la hora de definir la acción política a desarrollar a partir de ahora para lograr ser la fuerza política transformadora y con vocación de gobierno en la que Podemos quiere convertirse. Diferencias políticas que eran evidentes, aunque no habían sido explicitadas hasta ahora de forma tan clarificadora.

Y los dos tercios restantes, menos sustanciales y algo deslavazados, que tienen por objeto, supongo, rellenar huecos que no se podían dejar de mencionar o acoger aportaciones realizadas con posterioridad a la entrega del primer borrador.

La lectura del análisis que se realiza al principio del documento es altamente recomendable y ofrece la mejor aportación al meollo del debate político que afronta Podemos y separa a su equipo dirigente. Respecto al resto del documento, no se puede dejar de señalar que los epígrafes que tratan sobre la modernización de la economía (2.1) y Europa (2.5) son manifiestamente mejorables.

Centraré mi atención ahora en un aspecto del documento, la idea de construcción de pueblo que se desarrolla en el subepígrafe 1.2 Construir Pueblo, que parece relativamente secundaria pero puede tener, más allá de Vistalegre, recorrido y enjundia.

¿Qué es Construir Pueblo?

La discusión sobre la idea de construcción de pueblo no está teniendo excesiva relevancia en la próxima Asamblea de Vistalegre por al menos dos razones: primera, no es necesaria para sustentar un buen análisis de la situación y las tareas políticas que de ese diagnóstico se desprenden; y segunda, los temas centrales que se van a dilucidar son otros, corresponden a asuntos de organización y rumbo político para la nueva etapa.

El papel de Podemos no es proporcionar un sentido estratégico a la indignación de la mayoría social, sino convertir de forma urgente esa indignación y las reivindicaciones de la mayoría en fuerza política capaz de equilibrar el injusto reparto de costes que las medidas de austeridad y devaluación salarial han provocado.

El mencionado epígrafe Construir Pueblo hace un notable esfuerzo para aterrizar y proporcionar ejemplos de tareas que permitirían esa labor: creación de Moradas, bares, universidades populares, centros de estudio, asociaciones de ocio y deportivas, planes de ocio juvenil y acción cultural, medios de comunicación alternativos, proyectos cooperativos, espacios de autoprotección frente a la crisis, los recortes o la precariedad, recuperación de la cultura popular y el folclore.

Aunque se nota el interés por señalar en concreto qué significa y cómo se hace esa construcción de pueblo, a mi entender sigue siendo una idea excesivamente escurridiza que no tiene suficiente cuerpo (desarrollo, sustancia y perímetro definidos) para poder ser asimilada en sentido estricto a un concepto teórico ni servir de soporte a una estrategia alternativa de carácter sistémico que requeriría más rodaje, experiencia y esfuerzo de elaboración. Por ahora es poco más que una hipótesis estratégica que necesita madurar, mantenerse abierta y medirse con los importantes cambios que están produciéndose en todo el mundo y en nuestro entorno más próximo.

La tarea de elaborar una estrategia de transformación sistémica sobrepasa con mucho las posibilidades de este momento y del propio Podemos. El papel de Podemos no es proporcionar un sentido estratégico a la indignación de la mayoría social, sino convertir de forma urgente esa indignación y las reivindicaciones de la mayoría en fuerza política capaz de equilibrar el injusto reparto de costes que las medidas de austeridad y devaluación salarial han provocado. Lo imprescindible es limpiar la corrupción estructural que caracteriza al actual régimen político y a los viejos partidos que lo sustentan y gestionan. Lo necesario y urgente es ganar las instituciones y el Gobierno para ponerlos al servicio de los intereses y necesidades de la mayoría social.

La formulación de construir pueblo es un interesante artilugio ideológico que hace de puente entre lo que Podemos hace hoy (o quiere hacer) y los difusos objetivos a largo plazo hacia los que tímidamente apunta. Estamos, en consecuencia, ante una fórmula inspiradora de una identidad política nueva, difícilmente aprehensible y poco desarrollada, pero muy funcional.

La idea de construir pueblo atiende a varios e importantes objetivos: primero, subrayar que la acción política de Podemos se inscribe en una voluntad superadora de un marco político demoliberal con excesivas limitaciones e insuficiencias; segundo, proporcionar un horizonte estratégico nuevo que permita su diferenciación de las viejas estrategias de lucha por el poder político que defienden las izquierdas tradicionales; tercero, afrontar desde una posición relativamente confortable el debate ideológico que proponen las formaciones comunistas que sobreviven al derrumbe de los sistemas de tipo soviético en Europa, pero siguen defendiendo las ruinas de sus referencias estratégicas anteriores.

Creo que es en esa funcionalidad y polivalencia donde hay que buscar la clave de la importancia que le conceden sus partidarios al concepto de Construir Pueblo. También, sus límites.

Consolidar Podemos y Construir Pueblo: lo común y lo específico

En lo que alcanzo a entender, la utilización del concepto de construcción de pueblo pretende articular una comunidad popular y sedimentar en la ciudadanía una nueva forma de ver y juzgar sus aspiraciones y los problemas que sufre. La búsqueda por parte de la sociedad civil y sus organizaciones de soluciones a los problemas que limitan su desarrollo implica la puesta en marcha de iniciativas que se inscriben en un proyecto de cambio cultural y político alternativo al que pretenden las elites. El objetivo no es fortalecer a Podemos. La pretensión no es que Podemos protagonice esas tareas, sino que las acompañe en un segundo plano, respetando la autonomía y el impulso de las organizaciones de la sociedad civil que decidan emprenderlas.

Hasta aquí, nada en contra; más bien, todo a favor. Las objeciones comienzan a partir de esa exposición y de los cabos que deja sueltos.

Efectivamente, como también señala el documento, el pueblo no existe como un acabado historicista, con una esencia particular ya hecha, sino como un proceso en permanente cambio, de mezcla de identidades, culturas y horizontes que reflejan un complejo entramado social y nacional en el que conviven múltiples identidades, objetivos y formas de ser y orientarse hacia el futuro en diversas direcciones. Existe un cuerpo social plurinacional sobre el que actúan y en el que influyen múltiples sujetos y en el que las aspiraciones de cada uno de sus fragmentos no siempre son claras y precisas; más aún, pueden entrar en conflicto con las que defienden otras partes que componen ese todo en continua transformación al que se denomina pueblo.

En el complejo proceso de articulación en un proyecto común del heterogéneo conglomerado que es el pueblo no convendría dejar ningún margen a la confusión entre Podemos y pueblo. Los legítimos objetivos de Podemos (el texto menciona varios, como los de fundar una identidad colectiva, una nueva forma de ser, una estética, una cultura, unos valores y un horizonte compartido) no son los mismo ni tienen que confundirse con los que el pueblo real resalta o adopta como consecuencia de la interacción de múltiples factores, sujetos y fuerzas. Podemos no es el pueblo, tampoco el único agente político que actúa en la construcción de pueblo, ni siquiera un interlocutor privilegiado. Confundir los objetivos y la acción de Podemos con los del pueblo dificulta la comprensión de las diferencias y distancias entre ambos y la relación que debe establecer Podemos con las organizaciones e instituciones sociales, sindicales o culturales que forman parte del pueblo y lo construyen. Es imprescindible que Podemos entienda en profundidad la necesidad de asociarse y cooperar con el resto de fuerzas y agentes de todo tipo que actúan en el mismo terreno y tienen la misma legítima ambición y el afán de influir en esa articulación.

Convendría, en todo caso, aclarar algo más y mejor los contenidos y las fórmulas de esa participación de Podemos en el proceso de construir pueblo, tanto en colaboración con las propias instituciones de la sociedad civil como con el resto de fuerzas políticas progresistas y de izquierdas que ya trabajan o pueden trabajar con parecida orientación.

Vistalegre II puede ser un paso decisivo  en la preparación de la derrota de las élites y la derecha política, que tratan de mantener las mismas medidas injustas, destructivas y antipopulares que en los últimos años.

La idea que refleja el documento de generar una sociedad dentro de la sociedad tampoco señala adecuadamente las dificultades de la tarea de facilitar la independencia (sin tutelas políticas ni institucionales) de los diferentes componentes y expresiones del pueblo que realmente existe y la articulación de esa pluralidad en un proyecto compartido de cambio político y social.

  1. Podemos y el papel de la izquierda en la construcción de pueblo

No está mal mantener prevenciones y distancias frente a la izquierda tradicional que conserva métodos de trabajo inadecuados o viejos esquemas inservibles de acceso al poder, en los que las organizaciones populares se consideran palancas que multiplican la eficacia de sus propuestas y un buen terreno donde sembrar prédicas y cosechar votos y seguidores. Sin embargo, hay muchos ejemplos en los que parte de la izquierda política y social ha sido capaz de entender las nuevas tareas: impulsar la autonomía y autoorganización de la sociedad civil y lograr que su quehacer se mantenga vinculado con los intereses y aspiraciones del conjunto de la ciudadanía.

Las izquierdas y la construcción de pueblo pueden ir de la mano. No son, por naturaleza o necesariamente, incompatibles. Dicho de otra forma, si al menos una parte de la izquierda no rema en la buena dirección de construir un nuevo interés general y una sociedad plural, viva y organizada será mucho más difícil iniciar una nueva etapa política popular y democrática y lograr un rescate de la mayoría social que requiere alejarse de las políticas de austeridad y devaluación salarial.

No son pocos los ejemplos históricos que muestran esa compatibilidad. No sólo ejemplos de otro siglo y otras situaciones. También ejemplos cercanos como los de Grecia y Portugal, donde alianzas de izquierdas han sido capaces de ganar elecciones, arrebatar el gobierno a las elites e intentar defender desde las instituciones políticas y las organizaciones sociales nuevos proyectos de país y de sociedad sustentados en las mayorías. No siempre lo han conseguido, es cierto; pero no siempre se puede hacer lo que se quiere ni resulta fácil derrotar a los poderosos.

Por último, no hay que olvidar que los obstáculos que a lo largo de 2016 han impedido por dos veces echar al PP del gobierno no solo han estado relacionados con la labor de zapa emprendida por una parte de la dirección del PSOE. Entre otros muchos factores, han existido también errores tácticos e insuficiencias de Podemos en la definición de las tareas y las alianzas que podían abrir las puertas a un cambio gubernamental favorable a la mayoría social.

Vistalegre II puede ser un paso decisivo en la superación de esas insuficiencias y en la preparación de la derrota de las elites y la derecha política que tratan de mantener las mismas medidas injustas, destructivas y antipopulares que en los últimos años.

 

 

 

 

 

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