Naciones y nacionalismos, una mirada al pasado para un proyecto del futuro.

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Explosión III. Foto: Carmen Barrios

La génesis de la idea de nación y de los nacionalismos

El nacionalismo es consecuencia de la Revolución francesa y de las invasiones napoleónicas. Es un fenómeno que ha prendido de diversas maneras a lo largo y lo ancho del Globo, difundido fundamentalmente por los europeos.

Según Gellner el nacionalismo es básicamente  un principio que afirma que la unidad política y nacional debe ser congruente. Según Hobsbawn el nacionalismo antecede a las naciones. Las naciones no construyen Estados o nacionalismos, sino al revés. Las naciones existen  no sólo en función de determinada clase de Estado territorial (o la aspiración a crearlo), sino también en el contexto de una determinada etapa del desarrollo técnico y económico (por ejemplo las necesidades de la industria, la imprenta, alfabetización, política aduanera, etc.). Son fenómenos duales, ya que esencialmente son construidos desde arriba, pero no entendibles sin su difusión por los de abajo. Según Hobsbawn el desarrollo de la “conciencia nacional” es desigual entre los agrupamientos sociales y regiones de un país, siendo el último estrato afectado las masas populares.

La historia de los movimientos nacionalistas sigue las siguientes fases: 1. Puramente cultural, literaria o folklórica sin implicación política o racional. 2. Cuando un conjunto de personas, grupos, militantes, hacen campaña en favor de la “idea nacional”. 3. Cuando logra el apoyo de las masas o de una fracción de ellas.

Existen dos modelos de nacionalismo en Europa: el nacionalismo liberal de raíz francesa, que es predominante desde la Revolución francesa hasta fines del siglo XIX con autores influidos por el romanticismo y por el nacionalismo mercantil y el nacionalismo xenófobo y etnicista de la escuela “esencialista” alemana que nace a finales del XIX.

Existen dos modelos de nacionalismo en Europa: el nacionalismo liberal de raíz francesa, que predomina desde la Revolución francesa hasta fines del siglo XIX y el nacionalismo xenófobo y etnicista de la escuela “esencialista” alemana, que nace a finales del XIX.

La construcción de las naciones arranca a fines del siglo XVIII, donde los criterios que predominaban son territoriales, administrativos y/o económicos. Un país debería ser lo suficientemente grande para tener un gran mercado nacional que hiciese viable la nación, por ello se consideraba a Bélgica una rara curiosidad. Esta idea de nación tenía un corte ciudadanista (donde los ciudadanos eran sujetos de derechos y deberes), reposaba sobre la soberanía nacional, y la identidad jugó un papel marginal. La necesidad de materias primas, mercados, población, etc., para poder garantizar el desarrollo económico hace que se busque un Estado fuerte, unificado e incluso expansionista, para que fuera una fuerza viable. Se vio con buenos ojos la conversión de las monarquías en Estados-Nación. En principio el nacionalismo es de corte revolucionario, con vocación universalista, que propugna la fraternidad entre los pueblos, donde se unían nación y libertad, al igual que nación y revolución, pero a fines del siglo XIX se produce un giro conservador, que salvo excepciones sigue siendo hegemónico en Europa dos siglos más tarde.

El nacionalismo esencialista o etnicista tiene, y ha tenido, un gran impacto en los conflictos imperialistas y bélicos hasta la actualidad. Las causas del giro conservador son: 1. El crecimiento económico tras la crisis finisecular lleva al proteccionismo causado por la competencia comercial e industrial. 2. La crisis del liberalismo censitario, debido a la expansión del sufragio. La extensión del socialismo hacía peligrar el orden liberal, por lo que se echó mano del nacionalismo como arma opuesta al marxismo y anarquismo, también provocado por la necesidad de aumentar la base electoral, ya que el nacionalismo tiene un componente aglutinador. 3. Los movimientos intelectuales y culturales en su favor hicieron mucho por su expansión. Es acogido con fuerza desde el poder, acaba prendiendo en las masas (nación como comunidad imaginada).

Este nacionalismo de raíz germánica se basa en la mitificación de la historia, del tradicionalismo y del romanticismo, que deriva en un nacionalismo excluyente, conservador, xenófobo y racista. Desde Herder y Fitche (Discurso a la nación alemana) se ha realizado una búsqueda del “volkgeist” (alma del pueblo), considerando que la nación es producto de fenómenos inconscientes e involuntarios reflejados en la historia y una geografía común, en una lengua materna que produce una estructura mental que refleja el “alma” en diversas tradiciones populares. El giro conservador provocó la sustitución y adopción de un significado étnico al concepto nación y nacionalismo. Por ejemplo, Stalin define la nación como “Una nación es una comunidad estable, fruto de la evolución histórica, de la lengua, del territorio, de la vida económica y de la composición psicológica que se manifiesta en una comunidad de cultura.”

Las consecuencias de este tipo de nacionalismo son obvias: La I y II Guerra Mundial, ascenso del fascismo y del nacionalsocialismo, ruptura de Yugoslavia y la URSS, matanzas indiscriminadas, desplazamientos de población, y un largo etc.

En la actualidad existe un rebrote del nacionalismo de tipo alemán. Los viejos fantasmas del periodo de entre guerras parece que vuelven a escena.

En la actualidad existe un rebrote del nacionalismo de tipo alemán. Los viejos fantasmas del periodo de entre guerras parece que vuelven a escena. Los movimientos insolidarios independentistas reciben un nuevo aliento con la crisis en Cataluña. Hay una tentación de repliegue sobre el Estados-Nación en el mayor momento de debilidad de los mismos provocados por la globalización, por las multinacionales, y las organizaciones internacionales (FMI, BM, UE, etc.) que influyen sobre las políticas nacionales de manera determinante. El caso de Grecia durante la crisis en la UE es un ejemplo claro de hasta qué punto la soberanía tal y como se entendía en los siglos XVIII y XIX ha dejado de ser operativa.

Por consiguiente, podemos afirmar que el concepto de soberanía, sobre la que reside la nación, está en gran parte en manos de las instituciones de la UE y otras instituciones internacionales, y que la economía globalizada limita el uso de dicha soberanía.

Nación y nacionalismo en el caso español:

En el caso español nos encontramos con multitud de nacionalismos que compiten entre ellos por la captación de recursos y ganar espacios de poder. Los conceptos de Patria y nación española están secuestrados por la derecha y están unidos a una concepción nacional-católica de la misma. La derecha española entiende España como su propiedad, por lo tanto tiene un concepto patrimonialista de la misma. Este concepto de nación excluye a una gran parte de la población. También los nacionalismos periféricos son excluyentes y se basan en el agravio, en el privilegio, o en el intento de lograrlo. Esto significa que España tiene una cohesión nacional débil y un concepto nacional débil también, lo que ha permitido que España escape de tener un partido de extrema derecha que tenga tirón, también esto está provocado porque, hasta la aparición de C´S, el PP ocupaba todo el espacio de la derecha en España, excepto en algunas regiones.

En el caso español nos encontramos con multitud de nacionalismos que compiten entre ellos por la captación de recursos y ganar espacios de poder.

Los conflictos nacionales fueron encauzados en España a través de la construcción de las Autonomías, que han funcionado moderadamente bien hasta la crisis económica y la llegada del PP al poder en 2011, que se ha lanzado a un impulso recentralizador. Tras el 15M, la crisis económica y social en España ha tenido su expresión en Cataluña en el Process, que ha roto las costuras ya maltrechas de las Autonomías y ha convertido esta situación en una crisis de Estado sin precedente en la democracia actual.

Hay que recordar que la Constitución Española de 1978 preveía dos vías para acceder a la autonomía, la vía rápida para aquellas “nacionalidades” que eran consideradas históricas (Cataluña, Euskadi y Galicia) debido a que habían aprobado su Estatuto durante la II República o estaban en proceso de presentación (caso gallego), y el resto que entraban por la vía lenta, con el apoyo de los partidos nacionalistas de Euskadi y Cataluña. Como ya se ha dicho, esta España de las dos velocidades quebró con la movilización andaluza.

Los conceptos de Patria y nación española están secuestrados por la derecha y están unidos a una concepción nacional-católica de la misma.

El nacionalismo en el caso Canario y la búsqueda de su superación

Canarias obtuvo la Autonomía en 1982 donde se alcanzaron las competencias plenas gracias al famoso “café para todos”, imposible antes por la falta de acuerdo de las élites locales. Esto ocurrió en gran parte debido a que la movilización autonomista era muy minoritaria por estar entre las pulsiones independentistas y la falta de conciencia regional de las derechas locales. Recordemos que en las elecciones de 1979 sobre 13 diputados la UCD logró 9 -pero públicamente peleados entre ellos-, el PSOE 3 y la  la UPC 1. En las elecciones de 1982 el PSOE desbancó a la UCD como partido mayoritario obteniendo 7 escaños, AP 4 y la UCD en desintegración 2, UCP perdió el escaño que sacó en el 79. Lo que significa que Canarias seguía más las lógicas estatales que otras Comunidades donde el movimiento autonomista tenía más fuerza y presencia.

En las siguientes mutaciones del mal llamado nacionalismo canario, con la fundación de ICAN, ATI, etc., su unión en CC, etc., viró hacia el conservadurismo, sobre todo tras la ruptura del gobierno de coalición con el PSOE en 1993 que llevó a AIC al gobierno (luego convertida en CC). Este nacionalismo conservador se ha basado en una política parecida a la de la Restauración española de 1874, donde con una retórica de enfrentamiento con el gobierno de “Madrid”, y con su accidentalismo con la forma de gobierno, logran inversiones y aumento de partidas presupuestarias para la Comunidad Autónoma que luego son repartidos entre sus clientelas políticas y los grupos económicos que les apoyan. CC entiende el Estado como una agencia de colocación y un lugar donde poder construir su hegemonía. En realidad el nacionalismo conservador de CC tiene una concepción de la “nación canaria” muy sui generis, debido a que no puede sostener su nacionalismo ni en la “etnia” ni en la “lengua”, así que lo sostiene en tres patas: 1. Que los únicos que defienden a los canarios y a Canarias son ellos, por lo tanto el resto de partidos son “no canarios”. 2. Una visión folklorica de lo canario, con un absoluto desprecio por su Historia. 3. La confusión interesada de la “canariedad” como sinónimo de “empresariado”, por consiguiente, una visión que defiende los intereses de la oligarquía arropado por “lo canario”.

Nueva Canarias ha seguido una estela similar pero haciendo “transformismo”, donde se le ha adosado a la práctica nacionalista conservadora un discurso más progresista al calor de la crisis económica y sus duras consecuencias sociales. El problema del discurso de NC es que es progresista en lo retórico pero pro-patronal y conservador en lo que votan y en su programa. Un ejemplo de ello es el apoyo a uno de los presupuestos más lesivos para los derechos sociales y para la gente promulgados por el PP a cambio del 75% de bonificación en los traslados insulares, modificaciones en el REF, cuestiones referentes a la reforma del Estatuto, 204 millones de euros más para el presupuesto (de los cuales solo 12 millones van a temas sociales), etc.

Existe con claridad, como demostraremos más tarde, un conflicto permanente entre la oligarquía, que históricamente ha ocupado el poder, o lo  que es lo mismo, existe una brecha profunda en la desigualdad en la distribución del poder a favor de unos cuantos, y la ciudadanía, excluida de la toma de decisiones, que se ve explicitado en la política laboral y de precios, así como en las diferentes medidas pro-patronales aprobadas por sistema en las instituciones públicas. De hecho, el nacionalismo conservador y el aparentemente progresista, hacen una lectura interesada de la “canarias empresarial” como modelo para el archipiélago, creando un espejismo identitario que no se corresponde con la Canarias real. Es tarea urgente contraponer la “Canarias real o popular” frente a la “Canarias oficial u oligárquica”, situación posible porque el sentimiento de lo “canario” es mayoritario en las islas, entendido como identidad popular.

Para poder contraponer la “Canarias real” a la “Oficial” hay que combatir el insularismo, ya que es una estrategia oligárquica para reducir resistencias y obstruir las posibilidades de cambio. El nacionalismo conservador y neoliberal utiliza la dialéctica de enfrentamiento con Madrid como “enemigo externo” para mantener a la población cohesionada, mientras utilizan el “pleito insular” y atizan el conflicto entre las islas mayores y las menores para mantener a los ciudadanos divididos a la interna. Por ello se hace necesario tener un proyecto común para todo el archipiélago, que respete las peculiaridades de cada isla y localidad, al igual que un proyecto de reforma federal del Estado que se asiente sobre los pilares del autogobierno y la solidaridad interterritorial. Canarias no puede quedar ausente del debate sobre la cuestión nacional cerrada en posturas de puro cálculo económico. Podemos debe plantear mayores cuotas de autogobierno y recuperar espacios de soberanía frente a los poderes económicos.

En el fondo, la dinámica de competición para la captación de recursos por parte de las diferentes Comunidades Autónomas (tanto del Estado como de la UE), sin pensar en un proyecto común para nuestro país, se reproduce en nuestras islas a menor escala. Nuestras islas compiten por la captación de recursos hacia ellas, que en muchos casos alimentan clientelas políticas. Este sistema favorece a unas islas más que a otras gracias al injusto sistema electoral. Por consiguiente es necesario un nuevo pacto fiscal más justo, que mantenga la solidaridad territorial y el no olvido de las islas menos pobladas, en paralelo a  la construcción de  un proyecto común para todo el archipiélago, que una a Canarias en su diversidad, saliendo de la lógica de los reinos de taifas que se producen en la actualidad.

El conflicto principal en Canarias se resumen en el eje “arriba-abajo”, o dicho de otra manera, entre ciudadanía o pueblo contra la oligarquía y sus sostenes políticos.

Expuesto lo anterior sería un error entender que el marco del debate sobre Plurinacionalidad en Canarias es el marco nacionalista. El conflicto principal en Canarias se resumen en el eje “arriba-abajo”, o dicho de otra manera, entre ciudadanía o pueblo contra la oligarquía y sus sostenes políticos. Colocarse en una posición nacionalista legitima la postura de NC-CC al copiar parte de su discurso. NC-CC siempre pueden aludir lo mismo que aludieron con el PSC o el PPC (nótese que tuvieron que introducir la “C” para combatir ese discurso), que ellos son partidos “autóctonos” y que el resto son “no canarios”, por consiguiente siempre que demos un paso hacia el nacionalismo éstos darán dos y debilitarán nuestra posición mientras nosotros reforzamos la suya. Asumir parte del discurso nacionalista nos lleva a asumir “la política del agravio” con Madrid como representante de todos los males “nacionales”, y la política del agravio entre islas, que fomenta el insularismo y el victimismo mientras los responsables de la dramática situación en Canarias quedan en parte exonerados de sus responsabilidades. En el mayor momento de debilidad del nacionalismo conservador no hay que darle balones de oxígeno, sino ayudar a enterrarlo.

Podemos ha crecido cuando ha tenido un proyecto a nivel nacional y ha superado parte del eje izquierda-derecha por el eje arriba-abajo. Conforme nos hemos acercado al nacionalismo catalán hemos ido retrocediendo en todas las encuestas. Canarias tiene una identidad propia, mestiza, plural, solidaria, que acoge a quien viene de fuera, alejada del discurso nacionalista conservador como el que representa el PNV o el PDeCAT (antigua CIU) en Euskadi o Cataluña. El nacionalismo conservador divide en vez de unir. Divide a los de abajo en vez de unir sus intereses para poder luchar contra su verdadero enemigo, la oligarquía. Esta identidad debe servir como elemento para superar el insularismo y como acicate para establecer relaciones fraternas e iguales con el resto de los habitantes de este Estado Plurinacional que se llama España.

Pedro González de Molina Soler. Secretario de Educación de Podemos Canarias. Licenciado en Historia.

 

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