El Renacimiento hispánico del siglo VII: La provincia bizantina de Spania

pila bautismal
PIla bautismal bisogoda de Las Virtudes

Durante el siglo VI d.C. y principios del VII la patria Gothorum, la patria de los godos -que comprendía las antiguas provincias romanas de Hispania y Septimania (sureste de la Galia)- se desangraba por las luchas intestinas de una nobleza visigoda, en la que los obispos tenían un enorme peso político y económico, que se dividía entre católicos y arrianos, por las guerras con suevos y vascones en el territorio peninsular, y por los conflictos fronterizos con los francos en el sur de la Galia.

En ese escenario de caos político, militar y económico surgió una figura intelectual de enorme prestigio en toda Europa: Isidoro de Sevilla, arzobispo de la ciudad andaluza durante treinta años, que fue un faro de la cultura grecorromana durante siglos. Fue un escritor prolífico y un infatigable compilador y recopilador, compuso numerosos trabajos históricos y litúrgicos, tratados de astronomía y geografía, diálogos, enciclopedias, biografías de personas ilustres, textos teológicos y eclesiásticos, ensayos valorativos sobre el Antiguo y Nuevo Testamento.

Su obra más conocida es Las Etimologías, una inmensa compilación en la que se almacena, sistematiza y condensa todo el conocimiento de su tiempo, todas las cosas que se conocían en Occidente fueron guardadas por las palabras de Isidoro. En esta monumental enciclopedia de veinte tomos, en la que cita a ciento cincuenta y cuatro autores clásicos, se recogía toda la evolución del conocimiento desde la antigüedad pagana y cristiana: la gramática, la retórica, las matemáticas, la música, la astronomía, la medicina, el derecho, el lenguaje, la geografía, la minería, la agricultura, la navegación, la construcción de edificios, las guerras y el conocimiento militar, etc.

Un elemento clave para comprender la emergencia de Isidoro de Sevilla es la presencia bizantina en la península durante casi un siglo, que coincide temporalmente con la vida de este sabio, nacido en el 556 y muerto en 636.

Este texto fue tan apreciado que en gran medida sustituyó el uso de las obras de los clásicos y fue el más utilizado en las instituciones educativas europeas durante siglos. En la Edad Media fue el libro más reproducido en toda Europa después de la Biblia. Un “best seller” medieval que permaneció entre los libros más leídos durante siglos. Su éxito fue tal que ya en el Renacimiento, más de ochocientos años después de haber sido escrito, se llegaron a imprimir diez ediciones.

La Hispania del siglo VII

¿Cómo es posible que en esa Hispania del siglo VII, que estaba completamente desplazada de los principales centros culturales del Mediterráneo, floreciera una figura intelectual con tanta fuerza?

Desde el año 409, cuando una inestable alianza de suevos, vándalos y alanos cruzó los Pirineos, ningún emperador de Roma había sido capaz de imponer su autoridad sobre las provincias hispanas. Aunque las llamadas invasiones bárbaras no fueron consideradas como tales por los propios protagonistas, en multitud de ocasiones encontramos que los “invasores” buscaban algún tipo de acuerdo con las autoridades romanas, ofreciendo sus ejércitos para defender el Imperio a cambio de salarios regulares, suministros e integración en la estructura de poder, y administrativa del Imperio. Vamos, que querían dejar de ser bandas de saqueadores nómadas para pasar a ser funcionarios militares imperiales.

El pequeño renacimiento hispánico del siglo VII tiene mucho que ver con los contactos culturales que se tuvieron en esas fechas con el Imperio romano de Oriente.

Fueron los propios romanos quienes, para hacer frente a esos pueblos, abrieron las puertas de Hispania a los visigodos, a cambio de 200.000 ánforas de trigo. La eficacia de los mercenarios visigodos fue tal que en apenas dos años terminaron con los alanos, instalados en Lusitania, y con los vándalos, asentados en la Bética.

Aprovechando el caos de poder en Hispania el emperador Justiniano I desembarcó tropas imperiales en el año 552 en Cartagena y se extendió por el sureste peninsular, algunos historiadores citan Sevilla y Córdoba como ciudades que quedaron bajo el dominio de las tropas de Bizancio, creando la provincia bizantina de Spania, que sobrevivió política y militarmente hasta el año 624. La pila bautismal de la ermita de Las Virtudes, una pedanía de la localidad manchega de Santa Cruz de Múdela, o el pulvino que la sostiene, podrían indicar los límites noroccidentales de la Spania bizantina durante el breve Renacimiento que vivimos en el siglo VII.

Un elemento clave para comprender la emergencia de Isidoro de Sevilla es la presencia bizantina en la península durante casi un siglo, que coincide temporalmente con la vida de este sabio, nacido en el 556 y muerto en 636. Del mismo modo que el Renacimiento italiano del siglo XV tuvo su origen en la fuga de cerebros que sufrió el imperio bizantino tras la caída de Constantinopla en 1453, el pequeño renacimiento hispánico del siglo VII tiene mucho que ver con los contactos culturales que se tuvieron en esas fechas con el Imperio romano de Oriente.

En esos contactos tuvo un papel preeminente un oscuro abad del que solo sabemos su nombre, Donato. A finales del siglo VI este monje proveniente de los dominios bizantinos del Norte de África se instaló en la península. No vino solo, trajo con él más de setenta frailes y numerosos códices, y fundó el primer monasterio de la península, el monasterio Servitano, junto a la ciudad de Ercavica, situado entre Cuenca y Guadalajara.

Es indudable que el abad Donato fue conocido por la intelligentsia del momento. Ildefonso, obispo de Toledo, y uno de los principales discípulos de Isidoro de Sevilla lo nombra: “Cuentan que Donato (…), se embarcó rumbo a Hispania con cerca de setenta monjes y gran cantidad de libros (…). Fue el primero que trajo a Hispania la práctica y la Regla de la observancia monástica”. Eutropio, el monje que sustituyó a Donato como abad del monasterio Servitano a su muerte, fue obispo de Valencia y copresidió el III Concilio de Toledo con Leandro de Sevilla, hermano mayor de Isidoro y predecesor suyo en el arzobispado de Sevilla.

El interés del propio Isidoro por impulsar los monasterios y regular la vida monástica, que hasta la llegada de Donato no existían en la península, pone en evidencia la notable influencia de este monje bizantino en la curia cristiana de la antigua Hispania.

Isidoro de Sevilla, nuestro gran sabio de la Alta Edad Media, indudablemente tenía una mente privilegiada para la época, aunque gran parte de las obras que se le atribuyen pudieron ser meras traducciones y copias de los códices traídos por el abad Donato. Algo similar a lo que hizo Leonardo Da Vinci ocho siglos después, en pleno Renacimiento. La mayor parte de las ilustraciones sobre máquinas e ingenios mecánicos que dibujó el genio y artista florentino no son fruto de su imaginación e inteligencia, son simples copias de las ilustraciones que habían realizado varios años antes el ingeniero Mariano di Jacopo il Taccolla y el arquitecto Francesco Di Giorgio.

Por cierto, la muerte de Isidoro de Sevilla, en el año 636, coincidió con la gran derrota de las tropas bizantinas en Yarmuk frente a un nuevo poder que estaba surgiendo al otro lado del Mediterráneo. Tras la victoria de Yarmuk, en la actual Jordania, las tropas árabes comandadas por el califa Omar, suegro de Mahoma, tomaron en pocos años Palestina, Jerusalén, Siria y Egipto, e iniciaron una rápida expansión por el Norte de África que les permitiría alcanzar la península ibérica en el año 711.

 

Bruno Estrada
Acerca de Bruno Estrada 25 Articles
Economista. Adjunto al Secretario General de CCOO. Miembro de Economistas Frente a la Crisis y del Consejo Internacional de Economía de PODEMOS.

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