Se acabó el paréntesis

merkel y shult
La gran coalición no repetirá

Alemania ha vivido, en lo que se refiere a la discusión política en el ámbito federal, en pausa desde 2013. La gran coalición de conservadores y socialdemócratas puso al país y la política en stand by y dejó el panorama confortablemente entumecido, por parafrasear a Pink Floyd.

Con la Dra. Merkel a la cabeza y mientras en el resto de Europa la política -y con ella la sociedad- pegaba bandazos -algunos escalofriantes o de consecuencias aún no claras, véase el ‘Brexit’-, Alemania aparecía como una aparente balsa de aceite, una laguna sin movimiento, apenas afectada por lo que ocurría en el mundo. Los grandes números -ésos, que tan queridos son para algunos políticos y periodistas- la verdad es que cuadraban y cantaban las excelencias del inmovilismo coalicionario. El paro está en el 5,6%, con zonas en las que hay pleno empleo (menos del 3% de paro), el superávit de exportación alcanza niveles récord, el presupuesto federal no tiene déficit desde hace un par de años, la deuda pública disminuye, el tesoro alemán se financia en los mercados sin coste -o casi sin coste alguno-, pues el bono alemán ejerce de puerto seguro para las inversiones, la inflación es mínima desde hace años… en resumen, la lista de datos macroeconómicos que puede presentar la gran coalición en tiempos de incertidumbre no es corta. Y, sin embargo, algo se mueve, o, como se dice en alemán, las aguas tranquilas son profundas. Quizás en la superficie no había señales de movimiento aparente, pero por debajo, en las profundidades, lo había, y el domingo salió a la luz. Lo que emergió fueron, en parte, las miserias que toda sociedad tiene y que en Alemania habían permanecido bastante tiempo semiocultas, como si el odio y el miedo atenazaran a los vecinos únicamente, pero no a los pacientes de la Dra. Merkel, confortablemente entumecidos. El 12,6% que ese curioso conglomerado de (neo)nazis, reaccionarios, oportunistas, ordoliberales y otros seres llamado AfD alcanzó es el mayor reflejo de la existencia de movimiento bajo la superficie política federal. No obstante, no es el único, y centrarse únicamente en su entrada en la Cámara Baja, así como en los exabruptos de sus dirigentes -o sus salidas por la tangente, pues apenas han pasado 24 horas de la elección y Frauke Petry, la que era hasta hace nada quasi omnipotente secretaria general del partido ya ha declarado que no se va del partido pero que no formará parte de su grupo parlamentario, situándose como parlamentaria independiente- divertiría la mirada de elementos que son importantes y pueden marcar la agenda venidera, tanto en Alemania como en parte de la UE.

Retorno de la política

Dejando a un lado a AfD, ya en la noche del domingo pudo comprobarse que el paréntesis se había acabado y que en Alemania vuelve a haber política en movimiento. En la llamada “ronda de elefantes”, el programa en directo de la cadena pública ARD en el que se reúnen los grandes representantes de los partidos que han entrado en la nueva Cámara Baja y en el que estaban tanto Merkel como Schulz y los cabezas de lista de Los Verdes y Los Liberales (La Izquierda, siguiendo su tradición rotatoria mandó a una destacada miembro de la directiva) hubo más viveza que en casi toda la campaña electoral junta. El SPD, por boca de Schulz, se movió rápido y pasó a la oposición, argumentando, por una parte, que el mandato de los electores era claro (nada de seguir con la gran coalición) y que le va a negar al AfD cualquier posibilidad de asentarse. Pasar a la oposición no es únicamente algo que el SPD necesite para tratar de encontrar el rumbo hacia un programa realmente socialdemócrata, sino una jugada estratégica importante. Aún con el magro 20% que ha cosechado, se convierte en el primer partido de la oposición y evita que ese puesto lo ocupe AfD y, con ello, le corta el acceso a ciertos puestos relevantes en el entramado institucional parlamentario. Por otra parte, fuerza a Merkel a tratar de formar una coalición con los Liberales y Los Verdes. Después de 12 años de gobiernos relativamente cómodos, asentados en mayorías sólidas y con un socio externo lo suficientemente fuerte como para minimizar las exigencias del “partido hermano”, la Unión Social Cristiana de Baviera, la canciller va a tener que demostrar hasta dónde llega su capacidad negociadora y conciliadora, pues los programas de los cuatro partidos difieren bastante en algunos puntos fundamentales, pero no hay otra coalición posible para formar gobierno.

El SPD se movió rápido y pasó a la oposición, argumentando que el mandato de los electores era claro (nada de seguir con la gran coalición) y que le va a negar al AfD cualquier posibilidad de asentarse.

Dejando a un lado la aritmética parlamentaria, en la noche dominical pudo verse que el paréntesis, el aparente entumecimiento en el que la política federal alemana llevaba instalada una legislatura, había saltado en pedazos. De una parte, hubo una espontánea unidad entre todas las fuerzas contra AfD. Ante las mal disimuladas proclamas nacionalistas del representante de AfD, pudo verse a la representante de Los Verdes, tratando de contener el cabreo, recordando -y defendiendo- la oposición y resistencia del SPD al nazismo o al cabeza de lista de la Unión Social Cristiana de Baviera -conservadora donde las haya- no sólo desmarcándose claramente de la AfD, sino abroncando a los periodistas por su insistencia no sólo en ese momento, sino durante toda la campaña, en sacar repetidamente los temas que interesaban únicamente a la AfD, dejando en segundo plano muchos otros asuntos.

Proyecto para el continente

Por otro lado, la noche del domingo dejó al descubierto que en Alemania hay asuntos abiertos y que no es posible evitarlos por más tiempo. Los temas son varios y complejos, como cualquiera que haya leído la prensa podrá comprobar, pero pueden resumirse en uno. La sociedad alemana está pidiendo que se le ofrezca un proyecto que vaya más allá de la gestión de la situación actual y eso incluye un proyecto para el continente. Los datos macroeconómicos pueden cantar grandes éxitos, pero la lenta ampliación de la separación entre los más y los menos acaudalados, la necesidad de saber (y de decidir) si se va a ir hacia una Unión Europea más fuerte -que no tiene que ser indefectiblemente neoliberal, pues el neoliberalismo es un pensamiento que no es precisamente muy del gusto del alemán medio- o se va a volver a nacionalismos de tintes peligrosos, el envejecimiento poblacional y lo que ello conlleva, el futuro de la industria -sobre todo la automotriz-, son asuntos que flotan en el ambiente y para los que van a tener que surgir respuestas de calado en los meses venideros. Este retorno de la política al centro del continente va a tener a buen seguro repercusiones -y no pequeñas- en el resto de países. Se acabó el paréntesis, el stand by ha quedado atrás, y se va a notar en Europa.

Enrique Corredera Nilsson
Acerca de Enrique Corredera Nilsson 11 Articles
Historiador. Del Mediterráneo al Báltico, Europa es mi casa. Por vocación me dedico a analizar el pasado, pero lo que más me gusta es pensar el futuro para construir el presente. De momento lo hago a medio camino entre una y otra mar, a la orilla de un tercero, el de Suabia”

Esta web utiliza cookies para obtener datos estadísticos de la navegación de sus usuarios. Si continúas navegando consideramos que aceptas su uso Más información

Las opciones de cookie en este sitio web están configuradas para "permitir cookies" para ofrecerte una mejor experiéncia de navegación. Si sigues utilizando este sitio web sin cambiar tus opciones o haces clic en "Aceptar" estarás consintiendo las cookies de este sitio.

Cerrar