Víctor Mora: entre naves espaciales y andanzas medievales

Portada de un tebeo de El capitán trueno
Portada de un ejemplar de "El Capitán Trueno" de Víctor Mora.

Se ha ido Víctor Mora y toda una generación crecida bajo el siniestro yugo del franquismo se despide de él, dándole las gracias por tantas aventuras en las que abrió mundos y mentes discretamente, de manera que el radar de la censura no cercenara el mensaje. De hecho, si lo mandaron a la cárcel y tuvo que exiliarse a Francia en los primeros 60, país en donde había crecido como exiliado, fue por sus actividades ligadas al PSUC y no por sus guiones para Trueno y otros tantos héroes del papel. Yo, que soy de los ya nacidos y crecidos en democracia, podría ser ajeno a Mora y sus mundos, lo suyo a muchos les parecía agua pasada en los tardíos 80 y primeros 90, pero tuve la suerte de llegar al mismo en la infancia y adolescencia, primero por el Capitán Trueno, reeditado de manera semanal y que mi padre me llevaba cada miércoles -marcando ese día de manera especial en el calendario- y, un poco más tarde, gracias a que mis primos todavía tenían a Dani Futuro dando vueltas por casa, con su inquebrantable fe en el progreso humano.

Dani Futurro
Portada de “Dani Futuro”.

En otras palabras, yo estoy también en deuda con Mora, pues no era agua pasada lo que discurría por sus guiones. Los tebeos de Mora no habían de batirse más contra la dictadura, pero seguían ofreciendo ideas sobre aquello que podía ser mejor que lo que había. Tanto Trueno como Dani Futuro transmitían -cada uno a su modo, pues uno había nacido en un contexto de mayor libertad creativa que el otro, los años 50 vs los 70- valores sobre la diversidad, la solidaridad, el respeto mutuo y a la diferencia y la igualdad lo que hacía mejores a las personas, así como el hecho de que era en el conocimiento y no en el dogma en donde se hallaba la llave del progreso.

Tanto Trueno como Dani Futuro transmitían -cada uno a su modo- valores sobre la diversidad, la solidaridad, el respeto mutuo y a la diferencia y la igualdad lo que hacía mejores a las personas, así como el hecho de que era en el conocimiento y no en el dogma en donde se hallaba la llave del progreso.

Del mismo modo, hubo siempre un aspecto en el que Mora hizo con sus guiones más que muchos y fue el mostrar que las mujeres habían de ser iguales a los hombres y no sus subordinadas, espíritus independientes y no extensiones del ego masculino. El poco éxito de “Iris de Andrómeda”, la serie de tebeos que ponía a Iris, la compañera de aventuras de Dani Futuro, en el centro de la narración, quizás fue una señal de que Mora no podía aspirar a hacer como Astrid Lindgren con Pippi y tener éxito con una chica que rompía moldes -en los primeros 70 Suecia estaba aún muy lejos de España y no se trataba de una cuestión geográfica-, pero sí que dejó claro que, sin mujeres en pie de igualdad, aquello no iba a ninguna parte. Los personajes de portada eran masculinos, pero con poco que se leyera aparecían figuras femeninas que se erigían en repetidas ocasiones en verdaderas protagonistas y motores de las historias. Por poner el ejemplo más conocido, lo bello de “Sigrid de Thule”, la novia de Trueno, no era que tenía ojos azules, cabello rubio y vivía en el norte, sino que era libre. Para empezar, le había dicho a su pretendiente nórdico, Gundar, que se buscara la vida, que con él y, sobre todo, bajo él, no se quedaba, que era ella la que escogía y no las convenciones sociales. Trueno era el escogido por voluntad propia. Siguiendo en esta estela, entre Trueno y Sigrid no había matrimonio, sino un emparejamiento aparentemente medieval (todo caballero tiene su dama) que Mora trastocaba por completo y utilizaba en su favor, pues Sigrid no esperaba pasiva en el castillo al héroe, sino que se iba de aventuras con el grupo y no eran pocas las ocasiones en las que era ella la que salvaba las situaciones o marcaba la dirección a seguir. Era, poco más o menos, como si Pippi Calzaslargas se hubiera hecho mayor. ¿Cómo no admirar esa figura, cómo no querer que las mujeres pudieran ser libres e iguales?

Hoy, que las sociedades europeas no saben si van o vienen y que parecen estar cada vez más presas de sus temores y avaricias que de sus valores, quizás sería el momento de releer los tebeos de Mora, acordarse del optimismo que desprendían y apostar un poco más por aquello que ofrecían. Ése sería seguramente no sólo un homenaje a su autor sino, sobre todo, una tarea valiosa.

Enrique Corredera Nilsson
Acerca de Enrique Corredera Nilsson 8 Articles
Historiador. Del Mediterráneo al Báltico, Europa es mi casa. Por vocación me dedico a analizar el pasado, pero lo que más me gusta es pensar el futuro para construir el presente. De momento lo hago a medio camino entre una y otra mar, a la orilla de un tercero, el de Suabia”

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